Mucho más que ‘fisio’, ‘cutman’ o cuidador, son escultores del éxito panamericano

[Este artículo fue editado y publicado en agosto de 2019 por AGENCE FRANCE-PRESSE]

Por ALEX OLLER, CARLOS MANDUJANO Y LUJÁN SCARPINELLI

Brillan las estrellas sobre la pista y el público aplaude en la entrega de medallas, a menudo sin caer en la cuenta de esas manos que, lejos de los focos, ayudan a esculpir el triunfo de los atletas en los Juegos Panamericanos.

Aquí tres protagonistas en la sombra de Lima-2019:

 

– Patrick, mucho más que un ‘fisio’ –

Sentando sobre el escalón de entrada al vestuario, el rostro sumergido en las palmas de las manos, lloraba compulsivamente. La agónica derrota en la final de básquetbol 3X3, desde la línea de tiros libres tras un polémico foul, era una despedida cruel de los Panamericanos para Puerto Rico.

Recibió una tímida caricia en el hombro, pero Patricio Chutney, ‘Patrick’ para el grueso de la delegación boricua, tardó en incorporarse e ingresar al camerino, desconsolado, con la cara enrojecida a viva lágrima.

Patrick no es base, ni escolta, ni alero, ni pívot. Patrick no juega al básquetbol.

Luce el mono rojo de Puerto Rico, sí… pero en calidad de preparador físico del Comité Olímpico.

Ese sería el título técnico oficial. En realidad Patrick, de 53 años y 25 de servicio para el COPUR, ejerce de fisioterapeuta, psicólogo, entrenador, gurú espiritual, motivador y autoproclamado refranero.

“El sol de hoy no seca la ropa de mañana”, suelta, superado ya el disgusto, desde la zona de premiación y tras fotografiarse con los que llama “mis muchachos”.

También pueden ser, en ocasiones, amigos; pero trazando en cualquier caso una línea clara. “El trabajo es trabajo y la amistad, amistad”, advierte nuestro protagonista en la sombra, cuyo rol en Lima se ciñe a trabajar la recuperación de los atletas en coordinación con la nutricionista del equipo, aunque abarca un amplio abanico de disciplinas.

“Estoy yo solo para todo y me clono como puedo: me levanto a las siete de la mañana y termino a medianoche. Ayer empecé en sóftbol femenino haciendo trabajo funcional, luego el 3X3 y la recuperación con los gimnastas, voleibol masculino, básquetbol de cinco, ciclismo… donde me manden. Pero lo disfruto y lo haría de gratis”, explica este declarado autodidacta, que cuando no anda multiplicándose en torneos internacionales, se la pasa acudiendo a conferencias para mantenerse actualizado.

“Es un tipo bien desprendido, se preocupa mucho por los atletas y se desvive por el deporte. Es esa chispa que nos mueve y nos levanta cuando estamos caídos. Además de ser un buen preparador, es un gran motivador. Nunca te echa para un lado. Tiene un valor añadido incalculable”, explica el presidente de la federación de ciclismo Roberto Collazo.

Desprendido o no, Patrick siempre acarrea la maleta más grande de la expedición. “En mi bulto no pueden faltar las pelotas medicinales, bandas, conos y escaleritas. Incluso tiene un nombre, le llaman ‘Wilson’, como la pelota de la película Náufrago, y me hacen broma: ‘allí van Patrick y Wilson… a ver si se pierde Wilson”, ríe.

Y recuerda, pendiente aún de acudir a sus primeros Juegos Olímpicos, como en los pasados Centroamericanos de Barranquilla no pudo evitar sacarse una foto desde el jardín central del estadio de béisbol “como un novatito”, asombrado por mantener intacta la ilusión medio siglo después de empezar su andadura lejos de los focos.

 

– Fabricio, 45 segundos en la esquina –

Tiene 45 segundos para contener la sangre y calmar la furia que ofusca al guerrero. Llegó el momento de la acción para el argentino Fabricio Nieva.

“Nuestro trabajo es fundamental: atender al boxeador, prestar atención a todas sus necesidades”, comenta Nieva, entrenador y ‘cutman’ -el hombre que atiende los cortes- de Leonela Sánchez, la primera argentina campeona en el boxeo panamericano.

Nieva nació hace 45 años en Córdoba, Argentina, pero su familia huyó de la dictadura militar (1976-1983), por lo que creció en Suecia. Volvió a casa, ya adulto, para boxear. Representó a Argentina en los Olímpicos de Atlanta 1996.

La mayoría de las heridas, cuenta, no se producen por puñetazos, sino por cabezazos. Cuando la sangre mana, Fabricio limpia la herida con una gasa y le aplica vaselina y una solución de epinefrina, químico que incluye una mínima dosis de adrenalina para contraer los vasos sanguíneos. Son “secretos” de esquineros.

No hay margen de error. El juez puede suspender el combate si no hace bien su trabajo y la herida se abre. Una nariz rota también requiere también una respuesta veloz: presión con hisótopos. En el caso de Leonela, por fortuna, ayuda el casco protector que ya no usan los varones desde el 2016.

La labor de Fabricio trasciende por mucho los curetajes: “Tenemos que levantar el espíritu en los malos momentos”. Debe saber qué decir segundos para que su protegido recupere el equilibrio mental. Construir un campeón es mucho más que enseñarle a soltar puños.

 

– José, custodio de la caballeriza –

El cielo gris lo opaca todo en Lima. Pero el pelaje oscuro de DiCaprio exalta cuando entra a la pista con su jinete.

Vestido de jogging y campera de algodón, José Antonio observa el dressage desde la tribuna. “Hoy estoy tranquilo porque está ‘otimo’, de buen humor y concentrado”, dice el hombre que se ha ocupado de DiCaprio por una década.

Ágil a sus 17 años, el potro encadena galopes, cambios de mano y serpentinas en una coreografía elegante. José aplaude y se apura a volver tras bambalinas.

El día empezó temprano para el caballo de raza oldenburg y su groom, cuidador o petisero, según el país. Tras servirle una ración de alfalfa seguida por un balanceado, José le trenzó la crin, decoró la frente con una testera de cuero con cristales Swarovski y lo ensilló.

“Algunos piensan que a un caballo se le da cariño con terrones de azúcar, pero no es verdad”. DiCaprio “ama” que le acaricien el cuello. “Aquí”, explica, moviendo la mano detrás de la mejilla.

El caballo persigue sus zanahorias, que guían sus estiramientos de arriba abajo y de derecha a izquierda.

“Siempre hay que acercarse con la mano baja, para que pueda verte y no se asuste”. Antonio lo aprendió en las 12 horas diarias que pasa con su compañero de equipo.

El primer día de competencia en Lima, el jinete guio a DiCaprio al bronce en la prueba de adiestramiento. “Cuando sale me pongo en su piel y siento que estoy compitiendo con él”, dice el cuidador, que nunca vistió saco de cola ni botas altas.

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En femenino, con acento latino y nuevos valores, cerró el atletismo en Panamericanos

[Este artículo fue editado y publicado en agosto de 2019 por AGENCE FRANCE-PRESSE]

Por ALEX OLLER

LIMA, Perú (AFP) – En femenino, con acento latino y nuevos valores, cerró el atletismo en Panamericanos

Invitado estelar de Lima-2019, el mítico velocista Carl Lewis, nueve veces campeón olímpico, advirtió a su llegada a los Juegos Panamericanos que “los récords se pierden con el tiempo, pero la gente recuerda la emoción de la competición, las grandes actuaciones, aunque uno no gane”.

Con un cartel de lujo, la emoción parecía más que asegurada en las pruebas de atletismo que se iban a disputar en la capital peruana. Y aunque algunas estrellas acabaron por bajarse a última hora, para el recuerdo quedaron, ciertamente, algunas actuaciones memorables: los nuevos récords –sí, también- panamericanos registrados por la jamaiquina Shelly-Ann Fraser-Pryce y la venezolana Yulimar Rojas, el despegue –parece que definitivo– del saltador cubano Juan Miguel Echevarría o inéditos triunfos como el de la costarricense Andrea Vargas.

Vargas, quien ganó la final de 100 metros vallas, se convirtió en la primera fémina en colgarse una medalla de oro en el atletismo para su país, donde solo Nery Brenes se había coronado previamente campeón panamericano, en Guadalajara-2011.

 

– Yulimar marcó territorio –

Sobre el tartán de la capital peruana, destacaron en especial mujeres como Rojas o Fraser-Pryce, quien firmó un récord panamericano de 22.43 en los 200 metros, reforzó su condición de madre más veloz del mundo a sus 32 años y, como bien resumió ella misma con su melena color lima al viento, puso “un poco de color a Perú”.

De los seis triunfos de Jamaica en el estadio de La Videna, cuatro fueron para las mujeres, contando también a Elaine Thompson, que pasó de puntillas por la prueba reina de los 100 metros.

Rojas, a su vez teñida de naranja-calabaza, dio espectáculo en el triple salto a pesar de la ausencia de la colombiana Caterine Ibargüen y dejó una marca inédita de 15,11 en el foso limeño, la mejor de su temporada y un buen augurio de cara al Mundial de Doha. En Catar espera reencontrarse con su gran rival, quien se retiró de la competencia tras quedar sexta en el salto largo de la jornada de apertura, alegando lesión.

“La eché de menos”, concedió Rojas quien, consciente de que “no podía fallar”, se esmeró en avanzar un poco más en su afán por tomar el relevo de Ibargüen, 12 años mayor.

El frustrado duelo Ibargüen-Rojas deslució algo la fiesta panamericana, como lo hizo previamente la no comparecencia del estadounidense Justin Gatlin en las pruebas de velocidad.

 

– A rey muerto, rey puesto –

Pero si Lima-2019 perdió un astro sin el vigente campeón de los 100 metros, ganó un nuevo rey del vuelo en el cubano Echevarría, llamado como Rojas a marcar época en su modalidad.

A punto de cumplir 21 de años el domingo, el oriundo de Camagüey se impuso con autoridad en el salto largo, al brincar una distancia de 8,27, y se postula como serio aspirante al título en Doha, por no hablar de trazarse objetivos de lo más ambiciosos, como superar algún día la barrera de los nueve metros.

Por Cuba voló también alto la garrochista Yarisley Silva, quien se anotó, a sus 32 años, su tercer oro panamericano y brilló de nuevo sobre un gran escenario internacional tras una prolongada sequía.

Se desquitó a la vez su compatriota Yaimé Pérez, finalmente vencedora sobre otra cubana, Denia Caballero, quien quedó fuera del podio en el lanzamiento de disco, quizás insinuando el fin de su reinado.

Otro que apuntó maneras fue el colombiano Anthony Zambrano con un doble triunfo en los 400 y el equipo de revelos, Islas Vírgenes Británicas, Barbados y Granada se colgaron sus primeros oros panamericanos en La Videna y el medallero lo copó nuevamente Estados Unidos con siete y 33 preseas en total; más del doble que su inmediato perseguidor, Brasil.

Pero como bien recordó hace una semana su ciudadano ilustre Lewis, en el atletismo solemos recordar más las grandes actuaciones que los fríos números. Y si de espectáculo se trata, el ‘show’ en Lima lo pusieron mayormente las latinas.

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Sin rival, Yulimar Rojas puso el picante con triple salto de récord en Lima

[Este artículo fue editado y publicado en agosto de 2019 por AGENCE FRANCE-PRESSE]

Por ALEX OLLER

LIMA, Perú (AFP) – No estaba su gran rival y el triunfo para Yulimar Rojas se daba por hecho, pero la venezolana sabe que el éxito no suele venir gratis, y había tardado demasiado tiempo en tener la ocasión de saborear su primero oro continental como para rebajar méritos a su gran noche en Lima-2019.

“Los sueños se hacen realidad o no, y esta es una realidad viva. Trabajé cada día. Era una de las cosas por la cual aspiraba este año y en mi vida”, dijo Rojas tras ganar este viernes, con nuevo récord de los Juegos Panamericanos incluido de 15,11 metros, la final del triple salto en el estadio de La Videna.

La oriunda de Caracas, actual campeona mundial, llegó a la capital peruana con un objetivo claro y como cabeza de un estelar cartel junto a la colombiana Caterine Ibargüen, doble campeona mundial y oro olímpico, quien compitió el martes sin éxito en el salto largo y luego soltó una de las bombas de los Juegos al descartar por lesión su participación en la prueba del triple.

El mazazo para organización y público fue considerable, pues Rojas e Ibargüen vienen disputándose desde hace años el cetro planetario con eléctricos duelos en la modalidad, aunque contados y con resultados dispares.

Pero la venezolana, una ‘performer’ nata, compensó en parte la velada al pulverizar el récord continental de 14,92 metros, que había establecido precisamente Ibargüen en Guadalajara-2011.

“Mi rival a vencer soy yo misma. Sé que tenía esa presión de que era favorita, de que no podía fallar, pero estaba tranquila porque tengo mucha confianza; sé que puedo salir de las presiones y manejar las competiciones a mi antojo”, explicó Rojas, nacida hace 23 años en Caracas, pero que creció la ciudad costera de Puerto La Cruz (estado Anzoátegui).

Una fascitis plantar que arrastra desde julio apartó finalmente a Ibargüen de la lucha por el oro que acabó colgándose Rojas con un salto de que superó su mejor marca personal anterior de 15,06, que consiguió el pasado 20 de junio en Huelva, España;  desde luego más que suficiente como para dejar bien atrás a la jamaiquina Shanieka Ricketts, quien se llevó la plata con marca de 14,77 metros, y la cubana Liadagmis Povea, quien se colgó el bronce al registrar 14,60.

Rojas espera reencontrarse con Ibargüen en el Mundial de Doha que empieza el próximo 28 de septiembre, y donde la venezolana aspira a renovar el título mundial que ganó en Londres-2017.

“La eché de menos. La verdad que Ibargüen para mí es pieza clave para las competencias. Lastimosamente lo que le pasó… espero que se recupere, y verla en las próximas competencias dando de tú a tú Colombia-Venezuela”, expresó la venezolana.

Amante de la música electrónica, el pop y el reggaeton, Rojas tenía predilección también por el voleibol en la adolescencia, pero pronto su altura sedujo a los entrenadores de atletismo, y desde entonces no dejó de crecer hasta los 1,92, aunque también en lo deportivo.

Risueña y feliz, amante de experimentar con los tintes y formas de su peinado, Rojas transmite alegría y carácter competitivo desde el tartán, donde protagoniza lo que ella denomina ‘el show’ tras intensas jornadas de entrenamiento en las instalaciones del FC Barcelona, club al que representa, junto a su entrenador, el ex saltador Iván Pedroso.

Pero, pese a la distancia se muestra comprometida con cuanto ocurre en una Venezuela en plena crisis política, económica y social. “Estoy pendiente de todo lo que pasa en mi país. Vengo luchando desde que salí de mi casa”, dijo en su día, mucho antes de colgarse su inédito oro en Lima. “Sé que esto no queda aquí, que aún queda Yulimar rojas para rato y que las alegrías para Venezuela van a seguir viniendo”, avisó, radiante desde el estadio de La Videna, a navegantes.

Había avisado, al fin y al cabo, de que se vería a “una Yulimar Rojas distinta, con más fuerza, más preparada, más madura, y con ganas de llevarse el oro” y no mintió: lo que vieron los espectadores limeños fue una exhibición en toda regla.

Y van una cuantas ya para la caraqueña, con Mundial a la vista en septiembre y una sola asignatura pendiente, el oro olímpico, a otro salto picantón de aprobarse en Tokio-2020.

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Silva se tiñe de oro y marca territorio con su mejor salto del año

[Este artículo fue editado y publicado en agosto de 2019 por AGENCE FRANCE-PRESSE]

Por ALEX OLLER

LIMA, Perú (AFP) – Tiene la carrera escrita en la palma de la mano pero son puros números: 30.20, 26.15, 22.10… Un código indescifrable para el ojo inexperto.

Pero para Yarisley Silva son referencias clave en su ‘sprint’ de impulso camino de la gloria. En cada punto deposita un señuelo distinto para no confundirse: un cono en el primero, un zapato en el segundo, un botellín de agua en el tercero –y así sucesivamente– que marcan distintos movimientos en su aceleración hacia el salto definitivo con la pértiga, que debe propulsar a la cubana de 32 años sobre la barra inmóvil y hacia la dulce caída del lado opuesto, con feliz aterrizaje en el colchón.

“Me lo anoté antes de competir para que sea más rápido a la hora de montar. Tienes que memorizar tanto… lo marco aquí para que no se me olvide ningún detalle”, explica este jueves tras imponerse en la final del salto con garrocha de los Juegos Panamericanos de Lima-2019.

Porque cuando Silva brinca por penúltima vez sobre el tartán del estadio de La Videna, lo hace a lo grande y con un registro de 4,75 metros que le sirve para registrar su mejor marca de la temporada, derrotar a la estadounidense Kathryn Nageotte y adjudicarse su tercer oro seguido en la cita continental.

“Estoy muy feliz, he tenido un año dificilísimo, y solamente con la ayuda de Dios he podido llegar hasta aquí. Al principio cuando empezó la competencia nos dieron 35 minutos, y siempre dan una hora. Tuve que empezar con alturas muy bajas y tuve nulos producto de que no pude calentar bien”, expuso Silva, quien reconoció llegar a Lima menos confiada y con mayor presión que en ocasiones previas.  “La competencia estuvo muy fuerte y tenía que ir un poco más arriba si quería ganar. Estoy feliz.  Son mis cuartos Juegos Panamericanos y mi tercera medalla de oro”.

Dueña del récord panamericano de 4,85 metros, establecido hace cuatro años en Toronto, la isleña desprende carisma desde la pista y calidez fuera, donde ha sufrido altibajos bastante más pronunciados en los últimos tiempos, en especial en febrero de 2016, cuando su novio, el ex saltador de altura Sergio Mestre, sufrió un accidente que lo paralizó de cintura para abajo.

“Desde 2016 encontré a Dios en mi corazón y ahora me siento diferente. Por eso digo que Él me ha ayudado a llegar hasta aquí. Ha sido muy duro el camino, he tenido muchos bajones, y por un momento pensé que no iba a lograr nada”, se sincera Silva, quien se llevó la presea de plata olímpica en Londres-2012 y dos bronces en los mundiales de Moscú-2013 y Londres-2017 pero no saboreaba el oro en una gran cita desde Pekín-2015.

La autodefinida cristiana suele mirar directamente a los ojos cuando habla con la serenidad propia de una atleta más que familiarizada con sus virtudes y debilidades y que pasó su peor momento en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro-2016 cuando, rota por la emoción, solo pudo clasificar séptima.

Predica Silva que “la grandeza no se mide por las veces que uno cae, sino por las que es capaz de superarse” y  la cubana no escatima esfuerzos a la hora de esculpir el éxito, sea ya puliendo su agarre, el despegue o simplemente fortaleciendo su mentalidad por vía de psicólogos, técnicos y seres queridos.

“O héroe o mártir”, suele repetir su entrenador, Alexandre Navas, consciente de la volatilidad de una disciplina que su pupila practica desde que una profesora de ballet la declaró demasiado musculada para lucir tutú.

“Saltar me gusta, pero lo que más me place es bailar, sobre todo reggaetón”, asegura la oriunda de Pinar del Río, quien suele estar tranquila antes de las competencias. “Algunas prédicas o videos que me den aliento, buscar la palabra. Cosas que me estimulen”.

Rapada la frondosa melena morena de éxitos pasados, ahora teñida de rubio, Silva luce renovado ‘look’ y nueva medalla panamericana a juego, color oro.

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Despejado el camino, luces de viernes noche se posan sobre Rojas en triple salto

[Este artículo fue editado y publicado en agosto de 2019 por AGENCE FRANCE-PRESSE]

Por ALEX OLLER

LIMA, Perú (AFP) – Conforme se acercaba el fin de semana en Lima, crecía el run-run del esperado duelo del atletismo en los Juegos Panamericanos entre la colombiana Caterine Ibargüen y la venezolana Yulimar Rojas en el triple salto, programado en horario ‘primetime’ del viernes noche en el estadio de La Videna

La primera, campeona olímpica de 35 años, se resiste a dejar el trono frente al empuje de segunda, nacida hace 23 en Caracas y proclamada nueva reina en el pasado Mundial de Londres-2017.

El escenario estaba listo, los focos preparados y se hacía acopio de palomitas de cara al esperado ‘silencio… se rueda’ al cierre de la jornada laboral.

Pero sin ni siquiera llegar a alzar el telón se cayó una de las protagonistas.

Tras quedar fuera el podio en el salto largo el martes, Ibargüen desveló que sufría problemas físicos desde el pasado 12 julio, cuando compitió en Mónaco por la Liga del Diamante, y puso en duda su participación para la final del triple; y los peores augurios fueron confirmados minutos después por su entrenador, el cubano Ubaldo Duany.

“Está descartada para el viernes”, confirmó Duany con un diagnóstico de lo más incierto, también de cara al Mundial de Catar, que arranca el 28 de septiembre.

“Sufre fascitis plantar en el pie izquierdo. Le duele desde Mónaco y hemos tenido que reducir la carga de trabajo. Ya habíamos decidido hace dos semanas que no iba a estar en el salto triple en Lima. No sabemos aún si se pierde el Mundial. Vamos a ver en este transcurso de tiempo si se recupera. Está en las manos de los médicos”, informó Duany.

Con la antesala de la defensa de su corona en Catar, Rojas aspira a tomar primero en Lima el cetro panamericano, propiedad de la colombiana desde Toronto-2015 y de súbito vacante.

La venezolana quedó cuarta en Canadá, pero parece que pasó un mundo desde los anteriores Juegos; tras colgarse el oro continental, Ibargüen repitió triunfo semanas después en el Mundial de Pekín, adonde no acudió su emergente rival, que desde entonces intensificó su persecución hasta quedar segunda en los Juegos Olímpicos de Rio de Janeiro-2016 y coronarse en Londres-2017.

Y a la apodada ‘Bicha’, de 1,92 metros de altura, Lima le trae buenos recuerdos, pues antes de los últimos Panamericanos se proclamó campeona sudamericana en la capital peruana, aunque entonces fue Ibargüen la que no se presentó.

Más allá de la rivalidad generacional y fronteriza, ambas saltadoras mantienen relaciones cordiales y respetuosas, aunque con la inevitable distancia que acarrea su dura pugna deportiva; más allá de los grandes escenarios, sus duelos cara a cara son escasos, y apenas se han medido en dos ocasiones en los últimos dos años.

“Caterine es una buena persona y tremenda competidora”, aseguraba en Rio Rojas. “La relación es buena, no hay nada raro, aunque durante la competencia no hablamos. Es un orgullo para mí que Sudamérica esté presente a nivel mundial, con las dos mejores saltadoras”.

Y era también la ilusión de Lima-2019 verlas saltar juntas en La Videna, pero el gran duelo deberá esperar, por lo menos a Doha.

Entretanto, Rojas de por sí bien merece el precio de un boleto.

Amante de la música electrónica, el pop y el reggaeton, la polivalente atleta, que se inició en el voleibol y ganó el oro sudamericano en salto alto en Chile-2014, presenta un mejor registro personal de 15,06 en el triple y desde hace tiempo coquetea con la posibilidad de superar el récord del mundo de 15,50 que ostenta desde 1995 la ucraniana Inessa Kravets.

¿Se lo piensan perder?

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Tras salto de oro en Lima, Echevarría encara Mundial y barrera de los nueve metros

[Este artículo fue editado y publicado en agosto de 2019 por AGENCE FRANCE-PRESSE]

Por ALEX OLLER

LIMA, Perú (AFP) – Abrigadas las piernas por una toalla azul y el torso por un buzo rojo, Juan Miguel Echevarría caminaba por el tartán, animando con palmas a sus rivales y gesticulando a las cámaras mientras esperaba su momento en la final del salto largo de los Juegos Panamericanos.

Al oriundo de Camagüey le gusta el espectáculo y se toma la competencia como una diversión, aunque también máxima seriedad a la hora de competir.

Y cuando su momento en Lima llegó, Echevarría, emergente promesa del atletismo mundial, no defraudó, imponiéndose por vez primera sobre un magno escenario y con un título continental en juego.

Brincó 8,27 metros en el cuarto salto de sus seis intentos y se aseguró la medalla de oro panamericana a falta de cuatro días para cumplir 21 años, dejando la plata para el jamaiquino Tajay Gayley y el bronce para el uruguayo Emiliano Lasa.

“Este es el mejor regalo para mí, mi país y mi gente. Siempre fue una meta esta medalla. Valió la pena tanto sacrificio. Ahora vamos a pensar en el Mundial de Doha”, comentó Echevarría tras colgarse el metal más preciado. “Pese al frío me sentí cómodo. No estaba nervioso, sabía que llegaba súper bien e intenté dar espectáculo. Estoy muy satisfecho, espero que todo el mundo haya disfrutado”.

La esperanza ahora para Cuba es que su preciada joya desarrolle todo su potencial para emular a sus ídolos: el velocista Usain Bolt y los saltadores Iván Pedroso y Caterine Ibargüen.

Palabras mayores, sin duda, pero es que tal es el talento que se le supone a Echevarría, quien no tiene problema en alentar las altas expectativas y hablar incluso de esa distancia prohibida: los nueve metros.

“Como todo atleta me marco mis metas: ser campeón olímpico, medallista mundial y quizás superar la barrera de los nueve metros…  a veces me da por pensar en eso. Todos los días me preguntan, pero no sé qué responder”, se sincera el isleño, de fulgurante trayectoria desde que empezara a apuntar maneras.

Con 19 años y 203 días se consagró como el campeón más joven en pista cubierta al imponerse el 2 de marzo de 2018 en el campeonato de Birmingham, pero fue tres días después cuando dio el gran salto a la fama de forma literal con un registro de 8,83 en la Liga del Diamante en Roma, el más largo en 23 años, que le postuló como nueva estrella de la modalidad.

El cubano acarició con esa marca no homologada por el factor +2.1 del viento a favor –el límite es de +2.0– el mítico récord de 8,95, propiedad del estadounidense Mike Powell desde 1991 e hizo saltar todas las alarmas en el mundo del atletismo; más cuando, el pasado febrero en La Habana, brincó nueve centímetros más hasta el 8,92 –también ayudado por +3.3 de viento ilegal– para superar los 8,90 de Bob Beamon en 1968.

“Todas las competencias las llevo a un nivel superior. Nunca me cuido e intento hacer la mejor marca posible”, asegura el cubano.

Con 1,84 metros de envergadura y una desbordante personalidad, Echevarría es bien querido en Camagüey, donde fue criado por su madre, fallecida cuando el saltador cumplió los 18 años; fue entonces cuando se mudó a La Habana para acelerar su formación deportiva.

Su entrenador Daniel Osorio le insiste en la necesidad de trabajar la técnica, ritmo de carrera e impulso y ejerce de referente, a menudo también extradeportivo, para el nuevo campeón.

“Aunque no haya salido de mis entrañas lo quiero como un hijo. Lo preparo desde el punto de vista físico y le doy las herramientas para que sea el mejor ser humano posible”, explica Osorio.

También lo conoce bien el pertiguista Andy Hernández, compañero de delegación y camada. “Es un chico bien divertido, que hace mucha broma y le gusta cantar reggaetón”, explica Hernández. “Antes siempre le ganaba Maykel Massó y lo llevaba mal, aunque por adentro. No lo exteriorizaba mucho”.

Con saltos de 7,07 y 7,21 y un nulo, el ex campeón juvenil Massó ni siquiera logró clasificar a las últimas tres rondas en Lima, resignado a ver como espectador otra nueva exhibición de quien, no hace tanto y pese a lucir la etiqueta de promesa, ejercía de mero escolta en la clasificación.

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Cubana Yaimé Pérez se quitó la espina con lanzamiento oro en Lima

[Este artículo fue editado y publicado en agosto de 2019 por AGENCE FRANCE-PRESSE]

Por ALEX OLLER

LIMA, Perú (AFP) – Venía en dura pugna con su compatriota Denia Caballero desde hacía años, pero Yaimé  Pérez siempre acababa sucumbiendo a alguna que otra fatalidad. En los Juegos Panamericanos de Toronto-2015, mientras su compatriota se bañaba en oro, la oriunda de Santiago, un año menor, la miraba por debajo del hombro desde el segundo escalón del podio.

Y así, pese al parejo potencial entre ambas discobolas cubanas, solían acabar los grandes escenarios del programa internacional: Caballero, campeona mundial y medallista olímpica, respondía a la presión en las grandes citas, mientras que su compatriota y gran rival, aún dominando en ocasiones la temporada, no acabada de superar la magnitud del momento.

Hasta el martes en Lima.

Recién coronada en la final del lanzamiento de disco en los Juegos Panamericanos, Pérez se encontró de repente en lo alto del cajón, pero es que además miró a derecha e izquierda y no encontró a Caballero.

Solo las Brasileñas Andressa Oliveira y Fernanda Borges, con lanzamientos de 65,98 y 66,23 metros, respectivamente, se acercaron al nuevo récord panamericano de 66,58 registrado sobre la bocina y con máxima exigencia por Pérez, mientras que su compatriota acabó cuarta y sin presea, a escaso mes y medio de que se celebre el Mundial de atletismo en Doha.

“Esta medalla de oro significa mucho. Es algo que he estado buscando hace rato. A la hora de la verdad no podía lograr un buen resultado por la parte psicológica, pero ahora estuve concentrada para alcanzar está medalla de oro. No pensé en el récord, solo quería ganar”, se sinceró Pérez, quien venía de firmar su mejor marca personal el 16 de julio en Sotteville, Francia, cuando registró un lanzamiento de 69,39 en la Liga de Diamante, la mejor del año.

Pero los Panamericanos, como el Mundial o los Olímpicos, seguían siendo una asignatura pendiente para quien, hasta su reciente coronación, fue principal escolta de Caballero.

La caribeña de 28 años, que se inició en su modalidad a los 12 tras practicar pruebas combinadas y constatar que reunía las mejores condiciones para el lanzamiento de disco, siempre fue en franca progresión desde que registrara el 30mo lugar en los Juegos Olímpicos de Londres-2012: finalizó 11ra un año después en el Mundial de Moscó-2013, y fue plata en los Panamericanos de Toronto-2015 por detrás de Caballero.

Sintiendo que llegaba su momento, Pérez esperaba reivindicarse al fin en el Mundial de Pekín pocas semanas después pero, presa de los nervios, la entonces aspirante al trono acabó fuera del podio tras una dramática última tanda que alzó nuevamente a lo alto del cajón a su compañera.

Frustración, lágrimas y rabia desprendió entonces tras la competencia, consciente de la oportunidad perdida y la larga espera que le quedaba hasta una nueva chance en los Juegos Olímpicos de Rio de Janeiro-2016.

“Del mundial no quiero ni hablar”, avisó nada más pisar Brasil, con las pulsaciones altas ante el inminente duelo con Caballero. “Es una espina que tengo clavada todavía. Pero me he preparado bastante bien y llego concentrada”, aseguró entonces Pérez, quien no se esforzó en esconder la fría relación entre ambas y acabó nuevamente frustrada: tras ser la mejor en la clasificación, se despidió con tres lanzamientos para el olvido en la final.

Londres-2017, cuando finalizó por primera vez mejor que Caballero, aunque solo cuarta y fuera de podio, quizás fuera un punto de inflexión, pero Pérez no se quitó la espina hasta dos años después en Lima.

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Ibargüen hace agua en salto largo, ni abrirá fuego en triple y peligra el Mundial

[Este artículo fue editado y publicado en agosto de 2019 por AGENCE FRANCE-PRESSE]

Por ALEX OLLER

LIMA, Perú (AFP) –  Caterine Ibargüen abrió los brazos, miró al cielo, se cacheteó los muslos, gritó, saltó y sonrió como siempre al despedirse de la fanaticada, pero el resultado de la colombiana este martes en su debut en los Juegos Panamericanos de Lima-2019 distó mucho de lo que en ella suele ser habitual.

La oriunda de Apartadó, declarada atleta del año 2018 por la IAAF (Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo) acabó lejos del triunfo y ni siquiera pisó el podio en la final del salto largo, donde se impuso con autoridad Chantel Malone, de Islas Vírgenes,  con marca de 6,68 metros.

Y eso no fue lo peor.

Tras la derrota, Ibargüen no se mostró contrariada, pero abrió dudas sobre su continuidad en la competencia.

“No se consiguió el objetivo pero termino tranquila. Colombia sabe que doy lo mejor de mí en cada instante, sin importar los problemas físicos. Vamos a ver qué pasa en los próximos días, tengo que esperar el parte médico para ver si me presentaré al salto triple”, dijo nada más finalizar la prueba.

Pero si cabían dudas, su entrenador Ubaldo Duany se encargó de zanjarlas minutos después.

“Está descartada para el viernes”, confirmó el cubano al transmitir un diagnóstico de lo más incierto, también de cara al Mundial de Catar, que arranca el 28 de septiembre.

“Sufre fascitis plantar en el pie izquierdo. Le duele desde Mónaco (el 12 de julio por la Liga del Diamante) y hemos tenido que reducir la carga de trabajo. Ya habíamos decidido hace dos semanas que no iba a estar en el salto triple en Lima. No sabemos aún si se pierde el Mundial. Vamos a ver en este transcurso de tiempo si se recupera. Está en las manos de los médicos”, informó Duany.

En Mónaco, Ibargüen terminó en un decepcionante sexto lugar en el triple salto, con 14,33 metros, en una prueba ganada por la venezolana Yulimar Rojas (14,98 metros), que sí estará presente en Lima-2019.

La noticia del día fue un nuevo chasco para las esperanzas de medalla de Colombia y para los organizadores de los Panamericanos que, tras la renuncia de última hora del velocista Justin Gatlin, ven ahora como se viene abajo su publicitado cartel de lujo programado para el viernes noche: el duelo en triple salto entre Ibargúen y  Rojas, vigente campeona mundial.

“Ella es atleta muy guerrera. Vino a buscar una medalla pero no se pudo”, insistió Duany. “El salto triple es de alto impacto, mucho más que en el largo y no nos es permitido entrenar, imagínense competir”.

La medalla de plata recayó en la estadounidense Keturah Orji (6,66) y la jamaiquina Tissanna Hickling (6,59) saboreó el bronce.

Ibargüen empezó bien la competencia en el frígido estadio de La Videna, pero fue enfriándose conforme sumaba saltos, y su mejor brinco, de 6,54, lo registró en su segundo intento, clasificando finalmente quinta por detrás de la panameña Nathalee Aranda (6,55).

La antioqueña, oro en el triple salto en los Juegos Panamericanos de Toronto-2015 y en el Mundial de Pekín de ese mismo año, tenía grandes esperanzas depositadas en la final de esa modalidad, su especialidad, que disputará ahora con el camino despejado Rojas, su gran rival.

Ibargüen sabía lo que era saborear las mieles del triunfo panamericano en el salto largo, pues ya se subió al tercer cajón del podio en Guadalajara-2011, antes de declinar participar en Toronto-2015 para centrarse en el triple.

De hecho, la oriunda de Apartadó logró el boleto a los Juegos Olímpicos de Tokio-2020 al registrar el 6 de junio una distancia de 6,87 en las pruebas de salto largo en la Liga del Diamante en Roma, donde quedó segunda.

Como en 2015, la colombiana había priorizado del triple de cara al Mundial, y apenas se probó en el largo en dos ocasiones esta temporada previo a los Panamericanos; la otra fue el 3 de mayo en Doha, también por la Liga del Diamante, cuando brincó para 6,76; suficiente para erigirse victoriosa.

Sobre el tartán de La Videna, Ibargüen hizo una serie irregular, mejorando su marca de 6,24 en el primer salto con distancia de 6,54 en el segundo, aunque en el tercero bajó a 6,46, fuera del podio virtual que ocupaban por entonces Malone, Hickling y Aranda.

Superado el ecuador, sus dos siguientes brincos no fueron demasiado alentadores, pues quedaron en 6,51 y 6,41; y el final tampoco fue mejor: 6,39.

Bajo la tutela de Regla Sandrino, la oriunda de Apartadó empezó su andadura en el atletismo haciendo salto alto, de donde la reclutó Duany –en su día especialista en salto largo –  para competir en esa modalidad, así como en el triple.

“Le vi el biotipo idóneo para triplista”, explicaba en una entrevista reciente el preparador, quien la invitó a entrenar a Puerto Rico en 2008, tras no clasificar la saltadora a los Juegos Olímpicos de Pekín. “Hasta pensó en el retiro. Lo que se hubiera perdido el mundo atlético”.

Su amargo estreno en Lima-2019 no merita por ahora tal disgusto, aunque tanto la atleta como la hinchada, pasando por los organizadores, lloren el estelar duelo perdido con Rojas.

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Carl Lewis, el ‘Hijo del Viento’ vuelve a soplar con fuerza en Panamericanos

[Este artículo fue editado y publicado en agosto de 2019 por AGENCE FRANCE-PRESSE]

Por ALEX OLLER

LIMA, Perú (AFP) – Los Panamericanos ya no son lo que eran, opinan algunos.

Tampoco Carl Lewis es el que era en 1987, cuando participó en sus últimos Juegos continentales.

El apodado ‘Hijo del Viento’ luce panza y ya no salta 8.75 metros de largo, como hizo entonces en Indianápolis; ni mucho menos corre los 100 metros en 9.86 segundos, con los que registró su primer récord mundial en 1991.

De hecho, como buena vedette, llega con 20 minutos de retraso al acto programado.

Pero Lewis sigue emanando esa aura de superestrella este lunes, cuando aparece por la puerta lateral de la sala de prensa del Centro de Convenciones de Lima, donde se cita con un nutrido grupo de periodistas, a pocas horas del inicio de las pruebas de atletismo en el certamen.

“Ya no corro”, dice, enfundado en polo atlético de la universidad de Houston, la cabeza rapada al cero e impoluta aún la magnética sonrisa que encandilaba tanto a público como patrocinadores a finales del siglo pasado.

Con nueve medallas de oro olímpicas y una de plata, además de ocho títulos como campeón mundial, el ex plusmarquista de los 100 metros y el salto largo demuestra no haber perdido ‘punch’ desde la marca de salida.

Preguntado de entrada sobre la desigualdad de género en cuanto a compensación económica para las atletas, el  que en su época fuera considerado rey de la velocidad tarda bien poco en arremeter contra el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

“Tenemos un presidente que es racista y misógino, que no fomenta el amor en el mundo porque no quiere a nadie más que a sí mismo”, dice Lewis, también reconocido referente en la lucha por los derechos sociales.

“Está claro que apoyo la igualdad de género. Ni deberíamos estar discutiéndolo. Mi madre fue una pionera en atletismo, mis padres fueron docentes y me enseñaron que hay que luchar por los derechos de las personas. Que todos tengan las mismas oportunidades. Hay que crear un ambiente de igualdad y amor y tenemos un gran reto por delante”, aseveró el actual entrenador asistente los Cougars, que permanecerá en Lima hasta el domingo, cuando acaben las pruebas de atletismo, y entregará las medallas de los 100 metros y salto de longitud.

Invitado de lujo por parte de los organizadores, la presencia de Lewis compensa solo en parte la ausencia del velocista Justin Gatlin, originalmente llamado a ser uno de los grandes reclamos de Lima-2019, pero quien se bajó a última hora del cartel.

Le acompaña en esta ocasión Leroy Burrell, con quien libró eléctricos duelos sobre el tartán en los 90. Hoy comparten despacho en la universidad de Houston, donde el primero ejerce de entrenador principal del departamento de atletismo.

“A veces nuestros atletas se olvidan de los Panamericanos porque vienen los Mundiales, pero luego ven lo grandes que son y se sorprenden”, explica Burrell, mientras el propio Lewis destaca que su primer gran reto deportivo fueron los Juegos de Puerto Rico de 1979.

“Cumplí 18 años en San Juan”, recuerda. “Mi madre compitió en los primeros en Argentina y vi cómo le afectó. Fue una gran experiencia. Si no fuera por eso, no hubiera hecho atletismo”.

El estadounidense también participó en la justa de Indianápolis, donde acaparó los focos junto a su compatriota Jackie Joyner-Kersee, campeona del salto largo, y el cubano Javier Sotomayor, quien se impuso en el de altura.

Lewis sumó dos triunfos entonces, en los relevos 4×100 con el equipo estadounidense y el salto largo, aunque no participó de la prueba reina de los 100 metros.

32 años después, en rol de embajador y por primera vez en Lima, el ‘Hijo del Viento’ vuelve a soplar con fuerza en los Panamericanos.

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Atletismo panamericano reinicia con marcha en espera de saltos y velocidad

[Este artículo fue editado y publicado en agosto de 2019 por AGENCE FRANCE-PRESSE]

Por ALEX OLLER

LIMA, Perú (AFP) – Sin el velocista estrella Justin Gatlin pero en espera de las jamaiquinas Elaine Thompson y Shelly-Ann Fraser-Pryce y otro duelo estelar en el triple salto con la colombiana Caterine Ibargüen y la venezolana Yulimar Rojas, el atletismo reinicia su actividad en los Juegos Panamericanos el domingo con las carreras de marcha.

Las discobolas cubanas Denia Caballero y Yaimé López anticipan, como Thompson y Ann-Fraser en la carreras de 100 metros –a falta de listas de salida oficiales– una pelea fratricida en el lanzamiento de disco, Estados Unidos tiene esperanzas también en saltos y Perú sueña con dar una campanada en la marcha dominical como hiciera en la jornada inicial de Lima-2019 en el maratón.

Las esperanzas locales en la distancia de los 20 kilómetros femeninos son la veterana Kimberly García y la joven Mari Luz Andía, mientras que Colombia peleará el podio con Sandra Arenas y la brasileña Erica Rocha espera cambiar la medalla de plata de los pasados Panamericanos de Toronto-2015 por la de oro tras quedar cuarta en el Mundial de Londres-2017.

En la prueba masculina, el colombiano Eider Arevalo, cuarto en los Juegos Olímpicos de Rio de Janeiro-2016 y tercero en Londres, el brasilero Caio Bonfirm, el canadiense Evan Dunfee y el guatemalteco José Barrondo, que viene de registrar su mejor marca en una hora y veinte minutos, se antojan candidatos al oro.

Pero las miradas en Lima-2019 se posarán de nuevo en el eléctrico duelo que vienen deparando en los últimos años Ibargüen y Rojas, auténticas vedettes del triple salto, donde la colombiana de 35 años luce como campeona olímpica y panamericana, y la venezolana, de 23,  aparece como reina mundial tras coronarse en 2017 y registrar cuatro de las mejores cinco marcas de la temporada.

También Keturah Orji espera pelearla en el triple por Estados Unidos, que en el salto de distancia se agarrará a  Jeff Henderson, oro olímpico hace tres años.

Mientras que las festividades contarán con la presencia de la leyenda Carl Lewis, ganador de ocho oros olímpicos, como invitado especial, en velocidad se bajó a última hora su compatriota Gatlin, estrella de los 100 metros masculinos tras rivalizar a lo largo de la última década con el inimitable Usain Bolt.

Jamaica ya no cuenta con el apodado ‘Rayo’, pero Thompson y Fraser-Pryce son de lo mejor que puede ofrecer el atletismo en la actualidad, como demostraron en los últimos Juegos Olímpicos, cuando la primera, de 27 años, se subió a lo más alto del podio en las respectivas distancias de 100 y 200 metros y la segunda, de 32, fue bronce en la prueba reina.

Tras la marcha dominical de 20 kilómetros, donde los ecuatorianos y guatemaltecos acostumbran a dictar su ley, el atletismo descansará el lunes antes de encarar seis jornadas consecutivas de actividad hasta la clausura de los Juegos, todas ellas con finales.

Caballero y Pérez se medirán el martes, al igual que los hombres en el lanzamiento de disco, mientras que Thompson y Ann-Fraser saltarán previsiblemente al ruedo de los 100 metros el miércoles, cuando también se corra la prueba reina de la velocidad en la modalidad masculina.

El jueves será el día para la entrada en escena de la cubana Yarisley Silva en salto con garrocha, en los que se presumen últimos panamericanos para la veterana saltadora, y se disputarán ambas finales de los 400 metros vallas.

El duelo estelar Ibargüen-Rojas se reserva para el viernes noche, cuando también se correrán los relevos de 4×100 de mujeres y hombres, donde se echa de menos el concurso de Gatlin, que prefirió anteponer su preparación al próximo Mundial de Doha, que empieza el 28 de septiembre, a la disputa de los Panamericanos.

Antesala de la gran cita bienal del atletismo en Catar, Lima-2019 cerrará el domingo 11 con la marcha de 50 kilómetros y copioso menú el sábado con hasta 10 finales, entre ellas pruebas de medio fondo como los 800 metros de hombres, los 3000 obstáculos y variedad de platos fuertes: triple salto en varones, ambos relevos 4×400 y los 110 metros vallas masculinos.

País tradicionalmente marchista, Ecuador depositará sus esperanzas en Johanna Ordóñez, Paola Pérez y Claudio Villanueva en los 20 kilómetros, mientras que la gran apuesta de Guatemala, en esperas de confirmar la participación de Erick Barrondo –quien ostenta una plata olímpica y otra panamericana– no es otra que la subcampeona de los Juegos de Guadalajara-2011, Mirna Ortiz.

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