Tierra, viento, fuego… y récord

{Banda Sonora: Earth, Wind & Fire – Shinning Star}

Por ÀLEX OLLER

Mark Cavendish está a una victoria de igualar el récord de 34 en el Tour de Francia de Eddy Merckx. Se lo van recordando, pero el británico ni se inmuta, feliz como está de regresar a las carreteras francesas tras un prolongado parón que, por momentos, pareció definitivo. El velocista del Deceuninck corre por placer, o eso se desprende, por lo menos, de sus palabras. Está de rebote en la 13ra etapa, este viernes entre Nîmes y Carcassonne, después de que el director del equipo alemán, Patrick Lefevere, apostara por reclutarlo a bajo coste.

Los supersticiosos dirán que no se trata de la mejor combinación de número y día para tal gesta. La jornada anterior, el maillot verde se rayó un poco, después de que la organización no atendiera sus preferencias de vestuario. Tampoco el recorrido, de 220 kilómetros –con 2,000 metros de desnivel positivo acumulado–, es el mejor: no se descarta un final al esprint, pero la ventosa región del Alto Languedoc parece más propicia para los intereses de los llamados caza etapas, que suelen imponerse en las grandes clásicas.

Amenaza Cavendish, pese a los peores augurios y a que vuelve a enfundarse la dichosa equipación de dos piezas, en convertirse a la vez en un clásico, después de sus tres triunfos de etapa y sus conmovedoras entrevistas a pie de podio, en que el diminuto ciclista destila humanidad a raudales, facilitando que el manido formato de pregunta-respuesta vaya progresivamente fluyendo hacia una más natural conversación. ¿Tanto cuesta hablar como personas? Disculpen el ataque gremial… va por ambos interlocutores: el que afronta el cuestionario tras un señor tute sobre la bicicleta y el que lo lleva a cabo, la mayoría de veces tras otra yincana de tomo y lomo entre bastidores.

(Chris Graythen/Getty Images)

Bien lo saben en el plató de Teledeporte, donde hoy aparece como invitado Felipe Orts, quien se atreve a aventurar sobre los tres cuartos de carrera que “algo va a pasar”. No yerra en su pronóstico el ciclista de ruta y cross, que viene de ver como unos cuantos corredores se despeñan como una manada de ñus por un terraplén, aparentemente sin graves consecuencias, pero dejando una nube de polvo y una fantasmagórica secuencia para el recuerdo: entre unos empinados arbustos, aparece una bicicleta, luego un brazo y, finalmente, un señor con casco… es el danés Kragh Andersen, del DSM, con cara de susto y no pocos rasguños. Tras rescatar sus gafas del espeso follaje, el danés sigue en carrera, pero no así Simon Yates, otra víctima de la caída que dice basta, cerrando así su gris participación en La Grande Boucle.

La zona, donde fluye el río Cesse, despliega un gran encanto visual, pero, como casi todo lo bonito, esconde un considerable peligro en forma de desfiladeros y violentas ráfagas, ideales para la celebración del Mundial de viento y competiciones de cometas, pero también abono para los temidos abanicos en el pelotón, donde se refugian, precavidos, el maillot amarillo, Tadej Pogacar, y los candidatos a acompañarle en el podio de Paris, Richard Carapaz, Jonas, Vingegaard, Rigoberto Urán y Ben O’Connor.

Quedan nueve días para alcanzar la capital, y quienes descontamos etapas para el récord de Cavendish –no él, que se distrae con otras cuestiones– anotamos tres teóricamente propicias, incluyendo la presente. Tras una cómica escapada de Pierre Latour y Omer Goldstein, en que ambos parecen maldecirse para acabar dándose palmaditas, no hay más fugas que impidan una llegada masiva. El Manx Missile ha pinchado, pero cambia de bici y no pierde comba junto a su inseparable escudero, Michael Morkov, que lanza su enésima volata en la llegada a la fortificada Carcassonne, donde se cocinan sabrosos cassoulets.

Se cuece también, en la llamada flamme rouge –su giro más afilado– el que sería y acaba siendo, épico 34to triunfo de Cavendish, el que le iguala con Merckx y que provoca que, al fin, tras el coqueteo de las entrevistas anteriores, el periodista le pregunte qué siente, al saberse, si no el mejor, el más ganador de la historia del Tour. “Cansado. Estoy muerto. Llegar primero, después de tanto calor, tanto viento, en subida… estaba al límite”, responde Cavendish, tras rebasar en la meta, acompañado de Morkov, a Jasper Philipsen e Iván Cortina. “Es otra victoria, para mí tan importante como la primera”, relativiza, empapado en sudor, detallando a continuación la complicación que conlleva ser estrecho de hombros y ladear en exceso la cabeza, a ojos de los quisquillosos comisarios.

Y así, en un día de abrasador sol, polvorienta tierra y notable vendaval, se rentabiliza la mejor inversión de Lefevere con un récord que nadie o muy pocos esperaban, ahora marcado a fuego, a golpe de pedal por un señor ciclista, que se considera un tipo normal.

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