Resurrección en el Duomo

{Banda Sonora: Toto Cutugno – L’italiano}

Por ÀLEX OLLER

Ciclismo. Sport vero”, rezaba una pancarta en una curva de la carretera entre Verbania y Alpe Motta, escenario el sábado de la vigésima etapa del Giro de Italia, en que acabó en realidad de definirse la carrera italiana, pese a que este domingo queda el trámite de poner los puntos sobre las íes. ¿Es el ciclismo un deporte de verdad, como sostenía el mensaje? ¿En comparación con cuáles? El fútbol, considerado el espectáculo rey, aglutina pasiones al combinar su accesibilidad global –bastan dos mojones y una bola de trapo o papel para practicarlo en cualquier rincón del mundo– con el innegable atractivo del factor teatro: la llegada al estadio, primer avistamiento del césped, canto del himno y ondear de las bufandas. Otros prefieren la pureza del atletismo: hombres y mujeres corriendo, con o sin zapatillas, sobre el tartán o la arena, y quien cruza primero gana; es la ley del más rápido, el más fuerte, el más constante o el que salta más lejos o más alto, Carros de Fuego, sin trampa ni cartón. El dopaje continúa siendo una alargada sombra que planea sobre cualquier competición profesional, cierto. Y si algún deporte lo ha conocido y padecido, desde sus inicios hasta hoy, es el ciclismo. Pero, pese a ello, la bicicleta sigue gozando de una enorme popularidad, cada vez más global. Salta a la vista, aún en estos tiempos de pandemia, en que los aficionados se adueñan de las cunetas para alentar a sus ídolos y expresar sus más íntimos sentimientos, en una singular declaración de amor que surge, en gran parte, gracias a figuras como Egan Bernal.

El Cóndor de Zipaquirá, lo llaman desde que se inició en Colombia, donde crio conejos para apoyar la economía familiar, antes de matricularse en periodismo y empezar a destacar en BTT, para luego emigrar a Italia y pasarse al asfalto. Ha sido un largo viaje, no solo en el plano geográfico, para este chico que apenas cuenta 24 años pero que, en términos ciclísticos, parecen más. Hace solo dos que ganó el Tour de Francia, primer cafetero en llevarse a casa el maillot amarillo, y ahora, mientras se prepara en Senago para encarar la vigésimo primera y última etapa del Giro con final en Milán, es plenamente consciente de que en su maleta de regreso habrá un hueco reservado a la maglia rosa, igual que la que estrenó para su país Nairo Quintana, en Trieste, cuatro años atrás.

La contrarreloj no es lo suyo, pero Bernal se defiende. Es un exponente más del nuevo ciclismo colombiano que evolucionó de los famosos escarabajos de los años 80, –escaladores que daban espectáculo pero sucumbían sobre el llano– y actualmente depara rodadores versátiles como Rigoberto Urán o Daniel Martínez, el escudero de lujo que ha acompañado al líder en los días más delicados de esta 104a edición; concretamente en la tercera semana, cuando pisaron fuerte el pedal Simon Yates y Damiano Caruso y el sudamericano, tras un monumental despliegue en el ecuador de la carrera, se preguntó si, de verdad, estaba de vuelta. Hace nueve meses, parecía imbatible al afrontar la defensa de su corona en el Tour en una entrevista a la revista L’Equipe, en que afirmaba que la clave del éxito consistía en “no dejar jamás de creer tus posibilidades” y consideraba que la victoria anterior le había permitido adquirir una cierta tranquilidad interior.

Desde entonces, pocas cosas fueron bien para el jefe de filas del potente Ineos: su participación acabó en abandono por sus recurrentes problemas de espalda, emergieron otros jóvenes-prodigio, como el belga Remco Evenepoel y el esloveno Tadej Pogacar, quien le arrebató el trono en la grande boucle, en su propio equipo ganaron peso compañeros como el ecuatoriano Richard Carapaz, capaz de disputarle un rol protagonista, y se vio obligado a empezar prácticamente de cero con su primera participación en el Giro mientras Colombia, política y socialmente convulsa, se sumía en jornadas de protestas y violencia policial.

Precavido, se lo tomó con cierta calma desde la jornada inaugural, una cronometrada circular por Turín que se llevó su fiel gregario, el gigante Filippo Ganna, y esperó hasta la novena para dar un golpe sobre la mesa en Campo Felice, donde se vistió por primera vez de rosa y empezó su particular remontada desde aquel triste abandonó en Grenoble, el 16 de septiembre. No ha soltado el liderato hasta este domingo, en que el gigantón Ganna, que sí es un especialista en la lucha contra el reloj, vuela hacia la victoria en la plaza Duomo de Milán y no le frena ni un pinchazo. Tiene cierta simetría este Giro, con las dos victorias del italiano a modo de tapa de un libro que se ha escrito con la pluma ligera de Bernal sobre el sterrato, el pique juvenil con Evenepoel en un sprint intermedio y el ascenso a Cortina d’Ampezzo; también con el drama de Mikel Landa en Cattolica, el motor de Yates en Sega di Ala y Alpe di Mera, el pundonor de Caruso en Alpe Motta y el tesón de Joao Almeida hasta el último segundo.

La clausura ha tenido su miga con una caída de Rémi Cavagna y una maniobra del coche del Groupama que ha molestado a Matteo Sobrero, pero nada ha cambiado en el panorama general: Peter Sagan se lleva la maglia ciclamino de los velocistas, Geoffrey Bouchard, la azzurra de la montaña y el colombiano, la blanca de la juventud junto a la rosa de campeón. “Estaba concentrado, no quería asumir riesgos y perder el Giro”, dice, tras besar a su novia, un aliviado Bernal, quien asegura haber disfrutado por primera vez en una contrarreloj. Es su segundo triunfo en una grande y, de conquistar pronto la Vuelta a España, haría historia con el triplete a tan temprana edad. “Estoy que exploto de felicidad”, concluye, antes de firmar, a lo Rafa Nadal, el objetivo de la cámara. Del otro lado, el broche, el titular y la referencia literaria las pone Javier Ares en el plató de Eurosport. “Resurrección, de Tolstoi. Bernal ha vuelto”, zanja el narrador.

Y sonríe, de nuevo en lo alto del podio, brazos en alto, trofeo en mano, el Cóndor de Zipaquirá. Hoy Ave Fénix sobre el arco del Duomo, renacido de sus cenizas para deleite de los feligreses. Campeón del Giro y figura global del ciclismo, un deporte vero con leyendas para la eternidad.

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