‘Piano piano, si va lontano’

{Banda Sonora: Pink Floyd – Time}

Por ÀLEX OLLER

Cuando uno se adentra en la casa materna a recoger bártulos, se arriesga a que aparezca del armario, cajón, caja o sobre más insospechado, cualquier cosa. Es, se pretenda o no, un viaje al pasado. A ese tiempo en que decidimos que era una buena idea hacerse fotos con un pitillo en los labios y cara de duro, u ordenar listas de los diez mejores guitarristas del rock –nacionales e internacionales, ojo–, sin haber levantado en la vida más instrumento que la flauta de la asignatura de música, antes siquiera de descubrir a Jethro Tull y considerarlo una alternativa cool. Pero entre entradas de conciertos, cartas y felicitaciones sonrojantes, parches de Scooby Doo y facturas, recibos y reclamaciones varias, pueden emerger joyas del periodismo como un recorte de la contraportada del diario El País, con fecha del 23 de diciembre de 1997, firmada por the one and only Carlos Arribas y titulada “Prohibido decir ‘serpiente multicolor’”, en la que expone el empeño del ciclismo español por evitar viejos tópicos de cara a modernizar su imagen en el Siglo XXI.

Como ya han pasado unos años desde que guardé el apunte, y reconociendo mi culpabilidad en el uso de del manido recurso faunístico, voy a hacer un esfuerzo en el relato de la decimoctava etapa del Giro de Italia de este jueves, aunque debo admitir que el símil reptil no me rechina tanto como a otros. Además, en este caso, se ajusta que ni pintiparado al trazado de 231 kilómetros, plano, plano, entre Rovereto y Stradella, una última oportunidad para que los velocistas se posicionen y culebreen en busca de puntos para llevarse la maglia ciclamino al mejor sprinter. Pero su actual portador, Peter Sagan, parece no tener interés alguno en forzar el ritmo, y se genera cierta bronca entre el grupo por la parsimonia del eslovaco, quien ya cuenta un triunfo en la carrera. Piano piano, si va lontano, silba la montonera, mientras 23 corredores se estiran sin demasiada convicción.

Escribía Arribas que, según los mandatos de las fuerzas vivas del ciclismo español tras el boom Induráin, “el pelotón pasará a definirse como un entramado de relaciones tácticas y estratégicas. Y el ciclista ya no será ‘un jornalero de la gloria’ sino un deportista de élite que conjuga fuerza, resistencia, potencia, velocidad, concentración y entrenamiento siempre al límite de lo humano”. La idea, según el secretario del Consejo del Ciclismo Profesional, Víctor Cordero, era “dejar de usar imágenes y metáforas que datan de la época del No-Do, seguir transmitiendo la idea de que el ciclismo es un deporte de alpargata”. A los periodistas se les pedía, en definitiva, “un poco de imaginación, que se inventen rivalidades y ofrezcan opiniones para crear polémica”.

Sin noticias de los favoritos, más allá de los abandonos de Remco Evenepoel, Giulio Ciccone y Nick Schultz, bien acomodados Egan Bernal, Simon Yates y Damiano Caruso en el entramado de relaciones tácticas y estratégicas, ponderando las inconveniencias del plan de ruta, pasa súbitamente a la acción Rémi Cavagna a 26 kilómetros de la meta. Es, la del francés, una iniciativa aparentemente no consultada con el centro de control, en la que sopesa por sí solo los pros y contras de un prolongado incremento de la intensidad de pedaleo, sin atender a las fuerzas centrifugas que le rodean. Lo que los antiguos, en su limitado ingenio, hubieran llamado, simple y llanamente, un hachazo.

Gianni Vermeersch intenta acompañarlo, pero no puede. Luego se van tras él Nicolas Roche –el primo de Dan Martin, vencedor la jornada anterior–  y Alberto Bettiol. La retransmisión de Eurosport no ofrece imágenes de la bajada técnica –“con diez, doce curvas, muy muy malas”, según Alberto Contador–, con lo que los escribas nos imaginamos un descenso de rayos, truenos y monstruos por el que transita sin temor el valiente Cavagna, ya con 20 minutos de ventaja sobre los eruditos estrategas; esos que conjugan fuerza, resistencia, potencia, velocidad, concentración y entrenamiento siempre al límite de lo humano.

El ritmo de maratón dominguero tiene, seguro, explicación científica en el tute del miércoles, en que el Giro vio flaquear por vez primera a Bernal, cuyo cometido esta jornada es conservar la maglia rosa y descontar días –quedarán, tras este, tres– de cara a la crono de clausura, el domingo en Milán. El colombiano ya perdió 51 segundos de ventaja sobre Yates, quien clasifica tercero a 3’23’’, tras Damiano Caruso, segundo a 2’21’’. Contador apuntó entonces que, más que el tiempo cedido, lo importante era la moral (¿tocada?) del líder, pero ni uno, ni otro la pone a prueba en esta ocasión. Sus razones tendrán. Lo importante, según el mensaje del que daba cuenta Arribas, era no pensar que el trabajo de la prensa se limitaba “en ponerles un micrófono a los ciclistas en la meta para que éstos, agotados, respondan con su primer eructo. Y todos contentos”.

San Agustín decía sobre el concepto del tiempo que “si no me preguntas, sé lo que es, pero cuando me lo preguntas, ya no lo sé”. Cavagna sabe que Bettiol le sigue y que es mejor escalador que él; y cuando el italiano le alcanza a falta de 6.4 kilómetros para el final, sabe que le pasará y que cruzará el primero, y eufórico ante su público, la meta en Stradella. Igual no sabe que le adelantará también Simone Consonni. Y si le preguntan por qué la gran mayoría de sus colegas tardan 27 minutos en llegar a puerto, es probable que no sepa cómo contestar.

Hablan Bernal y Cavagna. El colombiano luce mejor cara que 24 horas antes y dice que “espero haberme recuperado bien y estar mejor mañana. Es difícil decir que estoy súper confiado. Debo seguir concentrado”. El francés considera que “lo he probado, pero no ha sido posible. Mentalmente no me encontraba bien. Necesito tiempo”.

A falta de espectáculo sobre el asfalto, de la posibilidad de que desde el plató de La Montonera puedan “resaltar los valores de emoción y esfuerzo con un montaje show al estilo del fútbol, con utilización de la última tecnología y recursos cinematográficos”, opto por rescatar, desde este humilde foro, el concepto del tiempo; ese que me permite analizar con perspectiva la vigencia (o no) de un polvoriento recorte de prensa, y que cotiza tan al alza hoy entre los integrantes de la serpiente multicolor.

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