Los pequeños cambios son poderosos

{Banda Sonora: León Benavente – Cómo la piedra que flota}

Por ÀLEX OLLER

Arranca la cuarta jornada del Giro de Italia este martes con lo que antes considerábamos llanamente una falsa alarma pero que en estos hiperbólicos tiempos catalogaríamos como fake news: Joao Almeida ha sido sancionado por littering, otro anglicismo para explicar que el ciclista del Deceuninck simplemente tiró basura donde no debía. Mientras mi subconsciente adolescente rescata aquellos entrañables spots del Capità Enciam, superhéroe que protagonizó una campaña de concienciación en los años 90, se aclara el error y el portugués queda absuelto. Estos periodistuchos, siempre corriendo como pollos sin cabeza. Si es que no aprendéis, Tribuletes…

Así, Almeida esquiva los reproches ecologistas, la multa económica de los organizadores por un supuesto primer aviso y la pesada losa que significaría un segundo, con un minuto de sanción en la general; por no hablar de la catástrofe que supondría incurrir en una tercera infracción, que acarearía su expulsión de la carrera. Pero, si tiramos nuevamente de la Abuelipedia, diríamos que “lo que mal empieza, mal acaba”. No es, sin duda, el mejor presagio para Almeida, considerado por algunos candidato al triunfo final pese a que en su mismo equipo siente el rebufo de Remco Evenepoel, quien luce la confianza propia de la juventud y, por ahora, piernas suficientes como para pelear la maglia rosa, no digamos ya el liderato del Deceuninck. Apenas 17 meses les separan y entre ambos suman 43 primaveras, pero uno de los dos va a envejecer unos cuantos años ciclistas en las próximas horas.

Escribe Colin O’Brien en Giro d’Italia, The Story of the World’s Most Beautiful Bike Race, que suele esperar con ilusión la carrera italiana “porque anuncia la llegada del verano. El clima en mayo es aun caprichoso,y las montañas siguen cubiertas de nieve, pero en cuanto ves la maglia rosa, sabes que los días largos y soleados están al caer”. La cara de guasa de Filippo Ganna, quien sabe que probablemente sea su último día de líder y no puede lucir el maillot porque hace un tiempo de perros y se lo tapa el chubasquero, no tiene desperdicio.

El recorrido, con la cima final del Passerino y alguna rampa del 16% propicia para dejarse ver, se adecua sobre el papel a las condiciones de Almeida, y los comentaristas de Eurosport tantean la posibilidad de que tanto él como Evenepoel den un golpe de teatro entre la niebla que, como siempre, se presta al drama. “La lluvia y el frío afectan. Algunos llegarán con las piernas como piedras y se pueden dejar tiempo”, avisa Alberto Contador, quien reconoce que le ponían como pocos estos escenarios shakespearianos, en que la mayoría optaríamos por una lectura al amor de la lumbre con un tazón de Cola-Cao. “Para mí, es el día soñado”, insiste el bicampeón.

Sueñan con una victoria de etapa hasta 25 corredores, que parten de Piacenza y cruzan Parma distanciados del pelotón, donde se cobijan los grandes favoritos, entre ellos Simon Yates y Mikel Landa, quienes también figuran en la quiniela para romper el guion. Los escapados no suponen una amenaza, y así llegan a cobrar hasta 11 minutos de ventaja camino de Sestola, donde aprendió a esquiar el gran Alberto Tomba y se coronó por vez primera en 2016 Giulio Ciccone, esperanza local.

De Parma no conozco más que las delicias de sus quesos y las gestas de aquel equipo que ganó dos Copas de la UEFA y llegó a firmar un subcampeonato en la Serie A en la misma década en que el Capità Enciam postuló para influencer. Entonces, el Calcio era la NBA del fútbol y en el Ennio Tardini jugaban auténticos All Stars como el sueco Thomas Brolin, los italianos Gianluigi Buffon, Fabio Cannavaro, Dino Baggio, Gianfranco Zola y Enrico Chiesa, el francés Lilian Thuram, los argentinos Hernán Crespo y Juan Sebastián Verón o el colombiano Faustino Asprilla, incatalogable cañonero de infinito carisma. El Tino no llegó a plasmar todo su potencial tras emigrar a Inglaterra, pero por el camino dejó no pocos goles y sus consecuentes cabriolas.

Su compatriota Egan Bernal también exhibe cualidades sobre la bicicleta y parece gozar del favor del público, que sin embargo le exige tras su fiasco en el último Tour de Francia. Quizás por ello, o porque se le aparece el espíritu de Asprilla en mitad de Emilia-Romaña, decide dar un golpe de riñón cuando Landa aprieta el pedal en la subida al Colle Passerino, a falta de 2,8 kilómetros para la meta, donde cruza primero Joseph Dombrowski. El estadounidense se adjudica la etapa por delante del veneciano Alessandro DeMarchi, quien toma el relevo italiano en la general.

Landa, obligado a hacer colchón de cara a la crono de la última jornada, y Bernal, que necesita soltar un “aquí estoy yo” tras sus problemas de espalda, pedalean codo a codo en una demostración de fuerza que no logra emular el resto. Vincenzo Nibali, Jai Hindley y Marc Soler pierden medio minuto, Evenepoel 11 y Almeida, quien cede más de cuatro, abdica de su candidatura al Giro. En La Montonera, la mayoría celebra “la actitud” de ambos líderes, aunque Luis Jiménez también tira de Abuelipedia y apremia a Landa con un “Lo que puedas hacer hoy, no lo dejes para mañana”.

Yo, llámenme nostálgico, me quedo con el eslogan del Capità Enciam.

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