El Zoncolan y la ‘Zona Cesarini’

{Banda Sonora: Stadio – Dammi 5 minuti}

Por ÀLEX OLLER

“Sei bella come un gol al 90’!.  Le robo a Jorge Giner el inicio de su artículo en la revista Panenka, donde explica a partir del piropo italiano la etimología de la llamada Zona Cesarini, a la que a menudo se recurre en las crónicas balompédicas para glosar las gestas en los instantes finales. Hoy es día de Giro de Italia, con la temida ascensión al imponente Monte Zoncolan marcada en rojo en el calendario de los ciclistas desde que se inició la carrera. Y es también día de fútbol, con desenlace al rojo vivo en la liga española, donde Atlético de Madrid y Real Madrid se disputan el título en la última jornada, separados por apenas dos puntos.

Es, pues, sobremesa de Eurosport, tarde de carrusel y noche de transistor, como en los tiempos en que José María García y José Ramón de La Morena se disputaban la supremacía del espacio radiofónico en nuestro país a base de mandobles verbales dignos de serie de ficción, como la que interpretan Javier Gutiérrez y Miki Esparbé en Reyes de la noche. Si en la retransmisión española Javier Ares ya narra un octavo por encima de su tono habitual, me pregunto cómo estarán en Colombia los apasionados colegas de Radio Caracol, con su innata habilidad para despertar pasiones en la locución de un deshielo. La confirmación de que estamos ante un sábado de sofá, refresco y palomitas llega desde Guatemala, donde Rodrigo, bogotano de cuna, hincha de Millonarios, el Barça y Egan Bernal, me comparte foto frente a la pantalla, con los Alpes Cárnicos de fondo. Sincronizados los televisores, que empiece el espectáculo.

Tras el sprint del viernes, con la emotiva victoria de Giacomo Nizzolo en Verona, llega la batalla que muchos esperan defina este Giro, en que Bernal luce la maglia rosa desde que, el pasado domingo, en un brutal rush final por la escalera de tierra de Monte Felice, volteó la carrera y anunció, ya sin complejos, que venía a ganarla. Entonces marcó distancia con el resto de aspirantes, un ambicioso Remco Evenepoel, pizpireto Aleksandr Vlasov y precavido Simon Yates. Pero esta subida sabatina al Zoncolan ya es de otra liga. Opinan los que saben que es por la vertiente menos sufrida pero, de 14 kilómetros con pendiente media del 8.5% de inclinación y unos últimos tres con media del 13% –incluyendo 80 metros con la friolera de un 27%–, digo yo que digan lo que quieran; por no hablar de las previsiones climatológicas: lluvia, frío, nieve y niebla. Ánimo, valientes…

Peores condiciones afrontaría a lo largo de su dilatada vida el considerado ciclista más veterano del mundo, Robert Marchand, fallecido la pasada madrugada a los 109 años, tras establecer varios récords de la hora como centenario. Aguantó tres años después de dejar la bicicleta, todo un ejemplo de lo saludable que puede llegar a ser esta afición; como lo es también Heinz Stücke en El hombre que lo quería ver todo, documental sobre este incansable viajero, capaz de recorrer unos 200 países durante más de 50 años de pedaleo ininterrumpido.

Cesarini no amasó plusmarcas, pero sí títulos. Y fue más de minutos que de horas, concretamente los últimos de los 90 reglamentarios de un partido de fútbol. Nacido en Senigallia en 1906, cinco años antes que Marchand, emigró de niño a Argentina, donde inició su carrera como centrocampista antes de regresar a Italia en 1929 y triunfar con la Juventus de Turín, con la que ganó cinco scudettos consecutivos. Pero fue con la selección azurra con la que se ganó fama de goleador tardío, en especial tras un tanto a Hungría en la Copa Internacional. El periodista Eugenio Danese bautizó el fenómeno como Caso Cesarini, y eventualmente derivó hacia Zona Cesarini.

También dijo en su día Juanito, apelando al espíritu de remontada del estadio del Real Madrid en una semifinal europea contra el Inter Milan, que “90 minuti en el Bernabéu sono molto longos”. Su compañero, Jorge Valdano, lo etiquetaría más adelante como ‘miedo escénico’, y me da que la definición aplica también para el ascenso al Zoncolan, que encaran primero 11 intrépidos escapados –entre ellos George Bennett, Bauke Mollema, Alessandro Covi, Jan Tratnik y Lorenzo Fortunato– y luego, a seis minutos, el pelotón, donde se cobijan los favoritos. El escenario ha pasado de verdosos y tupidos bosques propios de viñeta el Oso Yogui a una escarpada cuesta espolvoreada de nieve, donde aparece entre la niebla un aficionado vestido de panda; eso sí, cubierto el morro por la predominante mascarilla quirúrgica.

Fortunato y Tratnik se aventuran solos y solicitarían una de oxígeno y un piolet, sí pudieran, conforme escalan la pared alpina, que también cambia de asfalto hacía una superficie más áspera, donde el primero se lanza en plan kamikaze, contorneándose sobre sobre la bicicleta que, de poder hablar, pediría piedad.  Mientras Remco Evenepoel se regaza en el estirado pelotón, Fortunato avista el último kilómetro y medio, el muro, y reza para sus adentros a los dioses del ciclismo, a los espíritus de Marchand, Stücke, Cesarini o quien haga falta para reunir las fuerzas necesarias en su encarnizada lucha contra la gravedad. Aparece, en toda su magnitud y la expresión de su desencajado rostro, el ‘medio escénico’. 1500 metri nello Zoncolan sono molto longos.

Se desloma el italiano, lo achuchan los tifosi, que por poco lo tiran, y hace eses, un poco más atrás, Tratnik, todo corazón. Se anima, más abajo aún, Yates, que intenta arañarle segundos a Bernal, pero el colombiano se le pega a la rueda y el británico no hace más que ejercer de remolque en la pista de esquí. Ni Evenepoel, ni Vlasov, ni Hugh Carthy reaccionan, y es entonces cuando el maglia rosa se lo juega todo al rojo: adelanta a Yates, luego a Mollema y cruza la meta cuarto tras Covi, Tratnik y un exultante Fortunato, quien abre los brazos en cruz al hacer cima e historia con el primer triunfo en una grande para el Eolo-Kometa, equipo invitado del que son co-propietarios Iván Basso y Alberto Contador. El ex campeón, quien nunca se coronó en tan empinado puerto, se queda sin voz al entrar en directo en La Montonera desde Udine, y ahora deberá cumplir la promesa de ir pedaleando desde Madrid hasta Milán. La agónica victoria de Fortunato en la etapa, bella come un gol al 90’, podría ser también la de Bernal en la corsa, aunque Antonio Alix advierte: “Lo tiene atado pero no ganado. Y Remco está tocado, pero no hundido”.

Mientras baja el telón la liga –ha ganado sobe la bocina el Atlético, es subcampeón el Madrid y descienden Valladolid, Huesca y Eibar–, quedan aún siete jornadas más de Giro, con una crono a modo de clausura, teóricamente propicia para Evenepoel. Lo tendrá difícil el belga, ahora a tres minutos y 52 segundos de Bernal, que también saca 1’33 a Yates y 1’57 a Vlasov. Midió sus fuerzas, las de sus rivales y esperó el momento oportuno, los 500 metros finales, para rematar el de Zipaquirá. Casualidad que el pueblo del líder comience a escribirse por la última letra del alfabeto romano. Como Zoncolan. Como Zona Cesarini.

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