De la voltereta de Matej al volteo de Egan

{Banda Sonora: Juan Luis Guerra – Ojalá que llueva café}

Por ÀLEX OLLER

“Como me gusta el olor a hierba sintética por la mañana”, leí a modo de guasa, en referencia a los ocasionales ataques de nostalgia de quienes crecimos dando pelotazos en esas plazas de delimitación ambigua y minadas de bordillos, árboles y obstáculos de lo más variopinto. Con algo de suerte, lográbamos acceder de vez en cuando al lujo de un campo de tierra reglamentario, también con sus particulares irregularidades y, ya conforme pasó el tiempo, conseguimos catar el césped artificial. El pasto de verdad, el que se riega, crece y se sega, sigue reservado los profesionales o residentes de las Islas Británicas, auténtico paraíso del futbolista amateur.

Pero yo, que quieren que les diga, me quedo con lo mío: con esa tierra que por parcelas era arena, grava, charco u hormiguero. Lo que no era nunca es aburrida, pues uno debía ingeniárselas para estudiar, según avanzaba, el paisaje y su orografía para adivinar así el bote del balón y su asombrosa capacidad de transmutación en conejo saltarín, interpretar sus extraños y, de ser posible, idear un plan B. No sé si producía mejores jugadores –eso lo dejo a los técnicos–, pero sí nos hacía más vivos, más despiertos, más en contacto con un entorno en constante transformación y no pocos descampados.

Egan Bernal nació en Colombia, convulsa tierra de rico café y dotados escaladores que se ganaron el mote de escarabajos, aunque acabó por formarse como ciclista en Europa y, más concretamente, Italia, donde este domingo, Día del Señor, regresa por la puerta grande. El de Zipaquirá arranca la novena jornada del Giro en Castel di Sangro –apuntemos la recomendación literaria de El Milagro de Castel di Sangro, de Joe McGinniss– disimulando sus pretensiones con unas tibias declaraciones; pero la carrera coge ritmo pronto y queda claro que el líder del Ineos no se esconde: los hombres de negro tiran del pelotón y controlan la fuga de aspirantes al triunfo de etapa.

El trazado es el más corto del programa –obviando contrarrelojes– aunque “sin un solo metro de llano”, resalta en Eurosport Alberto Contador. El Bahrain, quizás extra motivado por la pérdida de Mikel Landa el jueves, pisa el acelerador en la bajada y lo paga con un segundo abandono cuando el pobre Matej Mohoric calcula mal el arcén interior de una curva, pisa piedra y protagoniza una espectacular e involuntaria voltereta que acaba en vertical invertida: las suelas saludando a San Giacomo y la cabeza picando contra el asfalto. Tras un primer intento de reincorporación, el esloveno desiste y es evacuado en camilla. Esto, con hierba sintética no pasa.

El accidente no atempera a los valientes y no hay tregua entre los escapados, Geoffrey Bouchard, Ruben Guerreiro, George Bennett, Michael Störer, Bauke Mollema, Matteo Fabbro, Nicolas Edet y Simon Carr, quienes aventajan al resto en más de dos minutos cuando quedan 16 kilómetros para el final. Hay hambre de gesta tras el antipasto del sábado y la hinchada jalea el ataque de Bouchard a falta de 4.8, mientras el grupo perseguidor, con Koen Bouwman integrado, no se entiende y, más atrás, la locomotora, con Ineos y Movistar turnándose, impone un ritmo infernal. Se anhela una aparición estelar de Bernal o Remco Evenepoel, los dos grandes favoritos, pero no se espera. Deducen los entendidos que a ninguno le conviene aún la maglia rosa que luce prestada Attila Vagner, que esperaran a la tercera semana, cuando el cafetero jugará sus cartas en la montaña y el belga medirá cada segundo con el ojo en la crono de clausura.

Quien no aguanta más es Bouwman. El neerlandés, cansado de discusiones, se va a por Bouchard cuando el francés encara, justo ya de fuerzas, los últimos 1600 metros de cuesta en polvorienta pista rural digna de persecución del Oeste. El desgaste y 11% de inclinación lastran al ciclista de Ag2r, que corre menos que el caballo del malo hasta que lo caza Bouwman. El duelo en las rampas de la estación de esquí es dramático, pero de repente irrumpe un actor protagonista con ansias de robar la escena. Es Bernal al galope, y el colombiano, con la mirada fija en el horizonte, cabalga tan rápido que apenas les da tiempo a apartarse y dejarle pasar. Aguarda Campo Felice y poco importan las piedras en el camino, las lesiones de espalda o el dolor de un país azotado por la pandemia, la corrupción y la violencia. El ex campeón junior de mountain bike se siente a gusto sobre el terreno agreste y bailotea, de pie, sobre su bici mientras el resto no puede más que admirar, sobrecogido, su pletórico ascenso.

Bernal cruza, sobrado, la meta. Ya de rosa y entre aplausos, llora Egan tras su primera victoria en una gran vuelta. Ha puesto 15 segundos de por medio con Evenepoel, 21 a Aleksandr Vlasov y 43 a Valter. Ha volteado el Giro. Y lo ha hecho sobre tierra. “No me lo puedo creer”, dice emocionado. Qué bien huele el café en el campo.

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