Antipasto sabatino en espera de entrantes

{Banda Sonora: Giuseppe Di Stefano – Mamma}

Por ÀLEX OLLER

Hay apetito este sábado en el Giro de Italia. Tras siete etapas de recorrido predominantemente llano, ondulado o con algún puerto de segunda categoría, la subida más exigente de la jornada, a Bocca della Selva, no pasa de eso pero esconde varias trampas a 70 kilómetros de la meta en Guardia Sanframondi, con una última cuesta de 8% de inclinación que se le podría atragantar a algunos. Los aficionados más golosos se relamen con la posibilidad de que los favoritos empiecen a romper algún que otro plato, ahora que se aproxima el ecuador de la carrera.

Algo rico se espera el domingo, cuando al fin el pelotón encare un puerto de primera y engañoso nombre, Campo Felice, aunque tampoco tan fiero como lo pintan. Pero la partida hoy de Foggia, ciudad de enorme patrimonio artístico y arquitectónico aunque azotada por guerras, plagas y terremotos, es de lo más esperanzadora: el grupo se lanza a la carretera con las mismas ganas que una manada de jubilados encararía un buffet libre. Así, con miradas por el rabillo del ojo, gruñidos varios y más de un paso en falso, se suceden los ataques y contrataques, antes siquiera de recorrer un tercio del trazado, con el Ineos de Egan Bernal luciendo músculo y controlando las operaciones.

Estando el mundo tan patas arriba, no nos viene nada mal algo de divertimento deportivo. Porque abrir el periódico –o encender el teléfono, que me perdonen los chiquillos– equivale a retroceder varias décadas: que si Palestina en llamas, el Ulster (casi) en armas, Colombia en estado policial; o entrar en directamente en la rueda del hámster político catalán. Entre mirar atrás o al infinito, casi prefiero dar pedales por el Empordà y visitar el espectacular poblado ibérico de Ullastret, nuestra particular Troya, aunque sin película de Brad Pitt que la catapulte al mainstream. Mejor así. Qué ojo tenían estos íberos para montar sus chiringuitos, con cálido clima, amplios recursos naturales y privilegiadas vistas al mar. Eso sí que es un monte de primera categoría. Lástima que no descubrieran aún el placer de rodar en bicicleta y conocieran en cambio de primera mano el ardor invasor de los romanos, esos cortarrollos que, en su afán por derrotar a Aníbal y los cartagineses en sus guerras púnicas, arrasaron el tinglado.

Ya se sabe que quién a hierro mata, a hierro muere, y el imperio de los césares –como todos– acabó también por derrumbarse, aunque nuestros vecinos puedan actualmente presumir –entre otras muchas cosas– de celebrar la corsa più dura del mondo en el paese più bello del mondo. Y es bien cierto que la carrera, que atraviesa la región de Apulia en el tacón de la bota que es Italia, luce sabrosa cuando encara su segunda semana de competición con un húngaro, también de nombre guerrero, Attila Vagner, luciendo la maglia rosa, otro puñado de secundarios con ganas de banquete y los favoritos –salvo el indispuesto Mikel Landa– afilando cuchillo y tenedor.

La lástima es que siempre haya alguien presto a ausentarse de la fiesta de malas maneras y, en este caso, es Caleb Ewan, protagonista la jornada anterior por su eléctrica victoria al sprint y, ahora, por su espantada a poco de tomar la salida. Se entiende que el australiano priorice preparar a conciencia su concurso en el Tour de Francia y la Vuelta a España, donde querrá repetir sus dos victorias de etapa en el Giro, pero no tanto la coartada de su abandono: una lesión de rodilla en absoluto evidente sobre las carreteras italianas.

El fuerte ritmo de los ciclistas a su paso por Campania no aventura que alguno se quede en esta ocasión fuera de control mientras, de los nueve fugados que coronan Bocca della Selva con seis minutos de ventaja sobre el resto, Nelson Oliveira es quien mejor desciende y Fernando Gaviria, quien repite caída, esta vez rascando el asfalto rural en lugar de la valla urbana, como ocurrió en la volata final de la segunda etapa, en Novara.

Con los favoritos lejos de hincarle el diente al menú del día, Victor Campenaerts y Giovanni Carboni agitan la coctelera y se distancian de la cabeza, pero es el joven Victor Lafay, con sus rojizos pómulos de glotón francés y un furibundo ataque a dos kilómetros de la meta, quien se cuela bajo la mesa y se lleva la codiciada pieza. Tras tanto ajetreo, postureo y bailoteo, la jornada acaba un poco como empezó, con Valter de rosa y Bernal y Remco Evenepoel, candidatos al premio final, apretados en la general. No estuvo mal para abrir boca, “un antipasto”, opina en Eurosport Javier Ares. Platos más fuertes se esperan en adelante. Quizás el domingo sirvan los entrantes.

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