Roglic, ‘tocable’ pero no hundido

{Banda Sonora: The Untouchables (End Title) – Ennio Morricone}

Por ALEX OLLER

BARCELONA, España – Puede que la etapa reina de la Vuelta fuera la Villaviciosa-La Farrapona del sábado, en opinión de algunos; pero la ascensión este domingo al Angliru es, según expertos de primera mano como Purito Rodríguez “la rampa más dura de Europa”.

Así lo reconoció el ex ciclista de Parets del Vallès durante la retransmisión junto a Perico Degado y Carlos De Andrés, cuando parte de la elite del pelotón empezaba a escalar el puerto final de la duodécima jornada. Digo “parte de la elite” porque algunos primeras espadas como Alejandro Valverde, Marc Soler o el mismísimo Chris Froome quedaron descolgados de antemano, cediendo ante la inmensidad del reto ante sus ojos.

La montaña asturiana puede ser tan bella como cruel, y Soler fue de los primeros en comprender que el peaje del día anterior, cuando acarició la victoria de etapa, pasaba por renunciar a mayores enjundias que no fueran mantener distancias en la general. Y ni eso pudo el de Vilanova, que cedió casi 15 minutos respecto al maillot rojo. Nada que reprochar en otro más que exigente recorrido de esta Vuelta, que se cobró un enorme desgaste entre los 156 valientes que se atrevieron a tomar la salida.

“¡Buf! Esto cada tres años, está bonito, pero cada año… y en la duodécima etapa en noviembre, es muy duro. Mejor ni pensar en las rampas”, resumió en la meta Óscar Cabedo, víctima de una hipotermia la primera semana y convenientemente abrigado esta vez para la entrevista. El sentir general de los más  mortales del pelotón parecía claro: ¿Para qué me habré metido yo en esto?

Lo mismo pensaría Eliott Ness cuando lanzó al río de Chicago una bola de papel que cambiaría su suerte y el destino del temido Al Capone en la Ciudad del Viento. Al menos según la célebre ficción de Brian De Palma, de obligado visionado la víspera para los admiradores del fallecido Sean Connery, el incivismo de Kevin Costner en el puente de la Avenida Michigan provoca la intervención del policía de a pie Jimmy Malone (Connery) y, de paso, el nacimiento de Los Intocables. La película es muy ochentera, pero la disfruté tanto o más que entonces, y le valió el Óscar al escocés como mejor actor secundario.

El tête à tête entre Primoz Rogliz y Richard Carapaz en esta Vuelta parece bastante más parejo que el duelo interpretativo entre Connery y Costner; aunque el norteamericano tampoco desentonó como protagonista, el reparto lo completaba también otro monstruo como Robert De Niro en el papel de Capone. Si la estación de tren de Chicago es la escena más recordada de la cinta, con la sobrecogedora caída a cámara lenta de un carrito de bebé por su escalera principal, el Angliru bien podría acabar definiendo a su vez la ronda española, con su no menos vertiginosa inclinación del 23,5%.

“Cinco metros aquí son 150 en otras subidas”, advierte Purito conforme se lanza a por la cima Enric Mas, la mirada turbia y las venas marcadas en los antebrazos, agarrando fuerte el manillar como quien se aferra a la vida. “¡Esto es eterno!”, exclama Perico en la recta, a menos de 2,5 kilómetros del final. Avanza el grupo de elite a chepazos, con Roglic disimulado sufrimiento y Carapaz disimulando, a secas. Y –plato pequeño y piñón grande mediante– alcanza a Mas, que se mantiene en la pugna. Alega Capone en Los Intocables, bate de béisbol en mano para una gráfica y memorable demostración, que uno no es nada sin su equipo, y el ecuatoriano del Ineos se antoja el más vulnerable de quienes pelean la general, pero sabe esperar su momento. A Roglic lo acompaña en la aventura Sepp Kuss, gregario de lujo para el Jumbo; pero al esloveno le acaban fallando las piernas cuando ataca en última instancia Carapaz y le saca diez segundos, entrando por detrás de Mas, Aleksandr Vlasov y el ganador de la etapa, un Hugh Carthy que desplaza a Dan Martin del podio de la general.

Habla la lengua de Sir Connery el vencedor del día. El otro, Carapaz, nuevo líder, esperará la jornada de descanso el lunes y no perder lo ganado el martes en la contrarreloj. El  golpe de efecto, en tanto, está dado: Roglic es ‘tocable’. Así de crudo, ‘touchable’, se lo escribieron con la sangre de su compañero asesinado a Ness en el ascensor de la comisaria de Chicago.

Pero la última palabra la tiene siempre Connery. “Al acabar tu turno, asegúrate de llegar vivo a casa”, alecciona a Costner tras su fortuito encuentro nocturno.

Y Roglic acabó tocado pero no hundido. Esta Vuelta está muy viva.

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