La llegada

{Banda Sonora: En las calles de Madrid – Loquillo y Trogloditas}

Por ALEX OLLER

BARCELONA, España – Es domingo: toca quiosco, toca pastelería, toca A Vivir que son dos días y toca Vuelta a España con despedida en Madrid. Leo de buena mañana en El País la columna de Manuel Vicent titulada La salida que nos habla, entre otras cosas, de la desbordante inteligencia de los pulpos, y añade La Maja que Juan José Millás viene de explicar en La Ser que cada tentáculo de estos fascinantes cefalópodos cuenta con autonomía propia pese a obedecer a un cerebro central, y que no hay que perderse My Octopuss Teacher, el documental que nos revela todo esto y más en Netflix. La cosa hoy va de pulpos, parece.

Toca también paella casera – sin pulpos pero con calamares y gambas, cortesía de Angela y Gerald– y sobremesa, aunque acortada por la disputa de la decimoctava y última etapa; no tanto por la competitividad de la jornada, reservada para los brindis de los protagonistas y un último sprint, sino por conocer algo más sobre el extraño desenlace del día anterior, cuando Movistar asumió un papel principal en una escena final en la que el espectador pedía un clásico duelo al sol entre los dos grandes pistoleros del cartel, Primoz Roglic y Richard Carapaz.

Pero parece que los comentaristas no están por la labor de esclarecer la polémica. Sea por la marca que les patrocina o porque se trate, al fin y al cabo, de una fecha destinada a la celebración, pasan página y se centran en las numerosas razones para la enhorabuena: la 75 edición de la Vuelta ha llegado sana y salva a Madrid en un año de enormes dificultades y la alegría no es para menos. Roglic es un digno bicampeón, Carapaz se siente en cierto modo ganador moral y sigue creciendo, y el ciclismo, pese al drama sanitario que nos azota, parece gozar de excelente salud deportiva, pues sus tres grandes rondas –Tour, Giro y Vuelta– se han definido este convulso 2020 por menos de un minuto cada una, recuerda Carlos Arribas.

Pasa también página Estados Unidos –y el mundo– con Donald Trump, aunque permanezcan los nocivos efectos del trumpismo, advierten los politólogos. Al final, los ganadores de la Vuelta y de las elecciones presidenciales se conocieron prácticamente al unísono, con ventaja de pocos minutos para el ciclista esloveno sobre Joe Biden. No le vendrá de eso al casi octogenario político, una loa a la constancia. También celebramos.

Tras 20 días de sufrido pedaleo, el pelotón despierta en la capital española y se pasea ufano por una Castellana vacía de espectadores rumbo al podio, igualmente huérfano de aplausos por las restricciones. En el último sprint de la temporada se ha impuesto por la mínima Pascal Ackermann a Sam Bennett, Movistar se lleva finalmente el triunfo por equipos y la diferencia que separa a Roglic de Carapaz se queda en 24 segundos en la clasificación general. A 75 del vencedor ha acabado el inglés Hugh Carthy, quien se sube por primera vez al podio en una gran ronda, mientras que Alejandro Valverde despedirá 2020 sin una sola victoria, una anormalidad para el murciano. El Bala asume que “ha sido un año extrañísimo. Esperemos que el próximo sea mejor para todos”; Roglic, feliz, irradia humanidad en sus declaraciones, se muestra agradecido con la organización y nos desea “buena salud”; y Carapaz, sin un ápice de rencor en sus palabras, asegura estar “contento” y con ganas de asaltar la próxima Vuelta. Cuesta no comparar la elegancia de estos hombres en un escenario prácticamente desierto con la pataleta de un Trump que, a estas horas, sigue parapetado en La Casa Blanca sin reconocer al vencedor de las elecciones, rompiendo así una venerable tradición de la democracia norteamericana. El deporte, tantas veces rico en la transmisión de valores pese a sus notables verrugas, vuelve a ejercer de inmejorable modelo a seguir, incluso para un sociópata como el todavía presidente. Tú puedes, Donald Trump, señala con un video plagado de ejemplos a pie de pista el New York Times. “Es hora de saber perder”, concluye el editorial.

Le cuenta un patrón de pesca a Vicent como, al caer en la redes de arrastre y luego a cubierta, los pulpos buscan rápidamente los imbornales para escapar de nuevo al mar; y argumenta el escritor que muchos intelectuales, que desconocen el motivo de tal clarividencia animal, tampoco suelen acertar con la salida por falta de gimnasia neuronal.

En este diario por lo menos entrenamos. No sé si acertamos, ganamos o perdimos, pero lo intentamos y, al final, llegamos como llegaron 142 valientes hoy a Madrid: algo cansados, pero agradecidos de poder seguir haciendo lo que les gusta y de que otros lo aprecien.

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