Ecos del Cinca, palabras de Nietzsche

{Banda Sonora: The Tired and the Hurt – Moby}

Por ALEX OLLER

BARCELONA, España – Pasa la Vuelta por Aínsa el sábado, bordeando el río Cinca, y repesco la imagen de la cabecera del periódico Ecos del Cinca, que recibíamos puntualmente en Barcelona, incluso un buen tiempo después del fallecimiento de mi yayo, fiel suscriptor por fidelidad a las raíces.

Quién sabe por qué me daría a mí por pronunciarlo mal, obviando la norma gramatical y refiriéndome al rotativo – y por extensión, al propio río– como ‘Kinca’ o ‘Quinca’; una manía que conservo aún. Como la de decir ‘jarsey’ en lugar de ‘jersey’. En fin, taras que arrastra uno, manías, misterios tan indescifrables como la sospechosa propensión de Dan Martin a las caídas absurdas, en este caso aparentemente sin consecuencias, a pocos  pedales de la meta y que deja hasta cuatro bicicletas cómicamente enredadas sobre el asfalto. Un poco como cuando se enzarzan los cables del auricular en el bolsillo, vamos. Fastidio, pero sin mayor drama.

El irlandés, que bien podría recurrir a uno de esos esconjuraderos que pueblan el Pirineo oscense, acaba la jornada igual que como empezó: segundo clasificado a cinco segundos del líder, Primoz Roglic. La etapa, entretanto, depara un bonito duelo por el triunfo entre el trío que forman Guillaume Martin, Tim Wellens y Thymen Arensman, otros con aparente querencia por las aventuras, si bien no absurdas, algo temerarias. Con el imponente Valle de Ordesa como magno escenario –¡ay, la de cestos de ceps que recolectamos por esos bosques no hace tanto!– los protagonistas de la jornada desprecian el para nada despreciable ritmo del pelotón y se lanzan hacia el brumoso horizonte, que tanto podría deparar la dulce gloria como la más cruel de las caídas; de la misma manera que la temible Escupidera despeña despiadadamente a quienes atacan el Monte Perdido sin la debida prudencia.

“No os aconsejo la paz, sino la victoria”, decía Nietzsche a través de Zaratustra; y se aferra a la recomendación el escritor, filósofo, autor teatral y hoy implacable competidor Martin, recientemente glosado por Carlos Arribas en otra excelente entrevista para El País.

No hay como citar a los clásicos en una crónica, y más en jornada de clásico futbolero –en minúscula y sin comillas, recuerda la Fundéu–, cuyo visionado postergaremos para más adelante, si los ‘spoilers’ lo permiten. ¿Un Barça-Madrid en diferido por ver la Vuelta? Pues sí: manías, manías, manías…

Como la de citar a Arribas, que la jornada previa apuntaba que esta edición la ronda española se está disputando a un ritmo distinto al habitual de las carreras de tres semanas, más cercano quizás al de las clásicas. Otra vez: clásicos, clásicas, clásico…

Ya en la recta decisiva en Sabiñánigo, un falso llano de los llamados rompepiernas, se descuelga Arensman y solo quedan Martin y Wellens en bonito duelo franco-belga, imponiéndose finalmente Wellens. Esta vez ríen los últimos los belgas, habituales víctimas de los chistes de sus vecinos. Ya saben… el humor, esa otra gran receta para disfrutar de lo que nos da la vida y relativizar las pérdidas.

“Escribo porque me gusta escribir. Es un placer, no una necesidad”, le dice, a propósito del gozo, Martin a Arribas.

Asiento, pensando también en el simple placer de la lectura.

Como el que sentía mi yayo cada vez que llegaba a casa el Ecos del Quinca.

Perdón, Cinca.

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