Se le apagó la luz y prendió Colombia: Bayona y una agónica plata en velocidad

[Este artículo fue editado y publicado en agosto de 2019 por AGENCE FRANCE-PRESSE]

Por ALEX OLLER

LIMA, Perú (AFP) – “¡Tranquila, Martha! ¡Tranquila!”, vociferaban, nada tranquilos, cuantos se multiplicaban alrededor de la ciclista caída sobre el trazado interior del velódromo de La Videna.

A Martha Bayona, triple medallista de ciclismo en pista de los Juegos Panamericanos de Lima-2019 le faltaba el aire y le dolían las piernas, mientras se sucedían las carreras, las instrucciones y aparecían en escena dos opciones de transporte que alimentaban dudas sobre el estado de salud de la colombiana: una silla de ruedas y una camilla.

Tumbada sobre la segunda, entubada con oxígeno y acompañada del personal sanitario, rampa abajo se fue hasta alcanzar una ambulancia con destino incierto y pronóstico más que reservado para la atleta, entrada en convulsiones, de cara a la final de velocidad de la tarde.

La comitiva se detuvo entonces y se escuchó, al fin, el diagnóstico sereno de Oriana González.

“No es nada, no te preocupes”, transmitió la fisioterapeuta, mientras solicitaba ropa de abrigo, le levantaba las piernas y Juliana Gaviria, compañera de equipo, asistía con friega de lumbares y ofrecía agua.

Semiconsciente y desencajada en las catacumbas del óvalo de Lima, la estampa de Bayona distaba mucho del glamour que suele acompañar a las campeonas.

Entonces pidieron el cubo.

Incorporada a medias, la oriunda de Bucaramanga alcanzó a sacar sobre el asfalto lo poco que le sobró de la pista al cruzar la raya de la semifinal por delante de la mexicana Daniela Gaxiola.

“¿Vio que pasó de primera?”, sonrió González.

“No recuerdo nada”, acertó a decir, mientras recuperaba progresivamente sensaciones.

Ganadora de la medalla de bronce el jueves en la velocidad por equipos y del oro el viernes en Keirin, Bayona venía de clasificar el domingo a la final de velocidad de la tarde al imponerse en el tercer sprint matutino en poco más de media hora; un sobreesfuerzo que, según los médicos colombianos, le produjo acidosis y acabó con sus huesos sobre el parqué tras desvanecerse producto del mareo y las náuseas.

“Es un fenómeno que se produce por la acumulación de ácido láctico en los músculos en esfuerzos máximos. Falta aire y acaba en cefalea. Les faltó tiempo de recuperación entre las tres carreras y acabaron muy mal las dos, también se mareó la mexicana. Estuvo mal organizado”, explicó el médico del equipo Jaime Albarracín.

El balance de Eliter Tejada fue bastante más escueto: “Se le apagó la luz”, resumió su mecánico de confianza.

Finalmente Bayona regresó por su propio pie, aunque con zapatillas prestadas y apoyándose en Gaviria y González, al centro del óvalo, donde en la tarde se colgaría su tercera medalla –una por cada metal– de los Panamericanos, tras caer ante la canadiense Kelsey Mitchell en la final.

“La idea era pelear más el oro, pero no me dio la pierna: en el primer heat estuve un poco alejada, pero alcancé y parecía que había posibilidad… pero no se dio. Vendrán más carreras donde me pueda desquitar. Son mis primeros Juegos y lograr oro, plata y bronce es muy bueno”, valoró camino del podio Bayona.

Si la luz, como dijo Tejada, se fue en la mañana, en la tarde brilló en cascada para la santanderina de 23 años, quien además de su triplete personal, selló la séptima de ocho medallas en el ciclismo de pista para Colombia, tras vencer minutos después Kevin Quintero en el Keirin.

“Llegue un poco agotada por el tercer heat de la mañana, pero no importa”, resumió la ciclista, quien evitó excusas a la hora de razonar la clasificación final, donde la mexicana Daniela Gaxiola se adjudicó el bronce tras vencer a su compatriota Jareli Salazar.

Para Bayona, definida como “tranquila, centrada, alegre y soñadora” por Tejada, la carrera fue reñida y el desenlace más mérito de su rival que otra cosa. Con la mirada puesta en los Juegos Olímpicos de Tokio-2020, lejos quedaba ya la desagradable semifinal.

“Ni supe quien ganó”, admitió tras el tremendo susto matutino, horas antes de que toda Colombia se prendiera con su agónica plata final.

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