¡Boom! Croacia a la final

{Banda sonora: Boom – P.O.D.}

Por ALEX OLLER

Ya gafados en su momento AlemaniaUruguay y ahora Inglaterra, no quisiera ensombrecer las repentinas esperanzas de Croacia, pero cuesta no posicionarse a favor de los Vatreni tras su conmovedor partido de semifinales contra Inglaterra.

Obligados a la remontada tras el tempranero gol de Kieran Trippier, los balcánicos sacaron fuerzas de donde parecía no haber y voltearon el marcador mediante un notable ejercicio de autoestima, sellando con honores la primera clasificación de su historia a una final del Mundial.

En la otra cara de la moneda, los Pross lo tuvieron prácticamente todo a favor para formar un cartel de lujo contra un histórico rival como Francia, pero simplemente no estuvieron a la altura de la cita, que requería mayor grandeza de espíritu amateur que intento de gestión profesional.

Croacia sí lo estuvo.

Los chicos de Zlatko Dalic aterrizaron en Rusia sin hacer demasiado ruido pese a contar con un plantel de garantías e incluso jugadores de elite en sus respectivas posiciones: Danijel Subasic bajo palos, Ivan Perisic en el carril izquierdo, Mateo Kovacic, Ivan Raktitic y Luka Modric en el medio, y Mario Mandzukic en punta.

Superaron con nota la fase de grupos, aplicándole un severo correctivo a Argentina, pero sufrieron de lo lindo en octavos y cuartos, necesitando prórroga y penales para deshacerse de la seductora Dinamarca primero y la peleona Rusia después.

El último choque contra los anfitriones fue un parto que se cobró cara la factura emocional y física. O eso pensamos los que consideramos que los croatas, desgastados y ya superadas sus expectativas iniciales, llegarían fundidos a la semifinal.

El encuentro no pudo empezar peor, con el golazo de tiro libre de Trippier y juego plano y previsible por parte de los ex yugoslavos.

Pero Inglaterra no aprovechó el viento a favor, demasiado contemplativa en el medio y desdentada arriba, donde Harry Kane deambuló sin más socios que el desubicado Raheem Sterling, uno de los que no se sabe ya si viene o va, empecinado como parece estar en morderse la cola a cada nuevo intento de quiebro, a cual más improductivo.

Como a lo largo de todo el torneo, a Gareth Southgate le costó un mundo darle rienda a Marcus Rashford, aunque la joven promesa tampoco brilló, precisamente, en el estadio Luzhniki.

Para cuando ingresó la perla del Manchester United, Croacia ya había agarrado la semifinal por la pechera con un notorio cambio de actitud tras el descanso y el fulgurante empate de Perisic.

El tanto, muy del jugador del Inter, pisando el área por sorpresa y anticipándose a la defensa en remate acrobático, evidenció el paso adelante de los balcánicos y el desconcierto de los Tres Leones, cuyo largo historial de decepciones sobrevoló, amenazante, el cielo moscovita.

Y así, de la cerveza derramada a lo burro y el God save the Queen a toda garganta se pasó progresivamente al familiar cosquilleo del perdedor.

Partido nuevo.

Ey, ey, ey…

Los croatas, volcados en pos de la gloria, se comen el césped, siempre abrochados a Perisic, que a punto está de marcar el segundo en eléctrico zurdazo al poste.

Uy, uy, uy…

Prórroga.

Ay, ay, ay…

Y finalmente…

¡Boom!

Balón que cae del cielo, gana (otra vez) Perisic, y Mandzukic, más vivo que nadie, le come la tostada a John Stones y fusila a Jordan Pickford.

Gol. Locura. Tropiezos. Avalancha. Flashes. Besos. Tick-tack-tick-tack. Silbatazo. Lágrimas. Abrazos.

Y Croacia a la final.

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