Organización, talento, campeonatos

{Banda sonora: Simply the Best – Tina Turner}

Por ALEX OLLER

Organizations win championships”, soltó un día Jerry Krause, general manager de los Chicago Bulls ganadores de seis campeonatos de la NBA de la mano de Michael Jordan.

La observación, referente a la relevancia del poder organizativo y ejecutivo de la franquicia en el éxito deportivo del equipo, le valió el escarnio público de quienes interpretaron sus palabras como un menosprecio a los jugadores, concretamente a Jordan.

Seguramente Krause, sin duda resentido por el maltrato al que le sometió durante años su estrella, destilara cierto rencor a quienes no supieron valorar a tiempo su brillante labor en los despachos.

Pero su mensaje, también encaminado a subrayar el trabajo y dedicación de empleados de club anónimos, sigue vigente hoy en día: el talento solo no basta.

Y ello viene a colación del Mundial de Rusia, así como del imperante discurso respecto a las últimas Finales de la NBA, en que los Warriors barrieron 4-0 a los Cavaliers de LeBron James.

Los que ahora defienden su candidatura a mejor jugador de la historia, por encima incluso del mismísimo Jordan, no solo apuntan a sus recientes méritos estadísticos, obviamente impresionantes, sino que se abonan también a la teoría de que el apodado ‘King James’ se ve obligado a tirar del carro en un equipo mediocre. Y a menudo, sin éxito.

Pero lo que convenientemente obvian es que James eligió los bueyes, las ruedas, la caja, las riendas y hasta el relleno de los cojines del carro.

En el supuesto debate MJ-Lebron, servidor tiene muy claras sus preferencias, así como la estadística reina:

James: nueve Finales disputadas, con balance de 3-6, incluidas dos barridas en contra y tres trofeos de MVP.

Michael Jordan: seis Finales, seis victorias, seis MVPs.

A Jordan nunca le dejaron en cero en una serie al mejor de siete, y  desde luego jamás perdió sin pelear, como demuestra su épico récord de 63 puntos en Playoffs,  en su segunda campaña –esa sí, con un equipo de segunda– en Boston.

Take that for data, que diría David Fizdale.

En cuanto al argumento de la falta de recursos, conviene recordar que Kyrie Irving prefirió jugar en los Celtics a seguir una temporada más junto a James, quien tampoco encajó con su sustituto, Isaiah Thomas, así como con tantos otros compañeros o entrenadores previos.

La autoridad acarrea responsabilidad.

Y en esa encrucijada se separan los legados de James y Jordan. El primero asumió plenos poderes en Cleveland con menos éxito que en Miami, donde Pat Riley limitó su influencia; al segundo, mal le pesara, no le dejaron ejercer de cacique más allá de la cancha.

Krause mandó a Charles Oakley, gran a amigo de Jordan, a los Knicks a cambio de Bill Cartwright, ancla interior de los tres primeros campeonatos de Chicago, y relevó al popular Doug Collins por Phil Jackson.

Las decisiones le costaron enemistarse con el mejor jugador de la historia, pero el arquitecto de la dinastía luce hoy banderola en el estadio de los Bulls junto a Jordan, Jackson, Scottie Pippen y media docena de trofeos.

La ecuación, tantos años después, continúa cuadrando.

Organización, más talento, igual a campeonatos.

Y, trasladada al fútbol argentino, debería ser también válida para Leo Messi .

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