Colombia y el baile que no cesa

{Banda sonora: La camisa negra – Juanes}

Por ALEX OLLER

Si el Senegal-Japón se reveló como la final del buenrollismo en Rusia, el siguiente partido de los africanos contra Colombia se antojaba, más allá de las urgencias respectivas, la final del baile.

¿Hay dos selecciones que hayan exhibido mejor movimiento de cadera, tanto en las celebraciones sobre la cancha como en las gradas? Sinceramente, lo dudo. Aunque, mediado el primer tiempo, ya parecía que el bongo le estaba ganando el doble duelo a la waka-waka. Por lo menos a tenor de las imágenes televisivas.

Ocurre que los senegaleses viajaron a Rusia a disfrutar y  exhiben esa natural alegría tanto en la victoria como la derrota o el empate. Colombia, por su parte, vino mayormente a reivindicar los méritos de una generación que enamoró en Brasil-2014, hija a su vez de la quinta de la esperanza de 1994, de tan trágico final que mejor ni recordarlo.

Y la danza, bien lo saben los cafeteros, no admite ni titubeos ni distracciones. Es carpe diem puro, sin más objetivo que el goce inmediato.

La selección de José Pekerman empezó transitando la cornisa de la eliminación desde su derrota inicial ante Japón, y previsiblemente arrancó su partido a todo o nada sumida en un mar de dudas: en el sistema y la alineación, sobre el estado físico de James Rodríguez, y también respecto al ánimo de Carlos La Roca Sánchez, reintegrado al once tras su expulsión a los tres minutos de torneo, que acarreó además la más repugnante de las amenazas.

A Colombia le costó entrar en el partido ante el valiente y vertical equipo africano; pero el relevo de un renqueante James sobre la media hora ofició de  punto de inflexión para los sudamericanos, aliviados después de que el VAR rectificara un penal señalado a Davinson Sánchez.

Algo debió corregir también al descanso Pekerman, ese hombre con pinta de enterrador albino del lejano Oeste, pues sus hombres afrontaron con mayor determinación el segundo tiempo, ejerciendo presión alta y marcando la raya en el mediocampo con una Roca pletórica, que se reveló clave en el engranaje defensivo.

Luis Muriel, sustituto de James, también se esforzó en abrir brecha en la defensa senegalesa, aunque Radamel Falcao siguió en su línea descendente desde que abandonara hace años el Atlético de Madrid, con mayor relevancia en la sección de tribunales que el apartado deportivo.

Tuvo que ser Yerry Mina, otra vez, quien se elevara más que nadie para desequilibrar la balanza a favor de Colombia. Con su segundo gol a balón parado del torneo, el defensor del Barcelona selló el pase a octavos, ratificado a la vez por la victoria simultanea de Polonia sobre Japón.

Un empate hubiera servido a Senegal, y por momentos deseé que los colombianos colaboraran con un desvergonzado autogol, pero África se queda desde ya sin representantes en Rusia.

Se acabó el fútbol para los Leones de Teranga, pero no la fiesta.

¿Al fin y al cabo, quién mejor que Mina, con sus celebraciones coreografiadas a ritmo de cumbia, para despedir a los reyes del baile?

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