EnFemme, al fin

{Banda sonora: Oceanes – Clara Peya}

Por ALEX OLLER

Reconozco que mi primera reacción fue ambivalente.

¿Otra vez el mundo trans?, me cuestioné de nuevo equivocadamente, pues travestismo y transexualidad no van necesariamente cogidas de la mano.

No es que no me interesara la temática del documental EnFemme, dirigido de forma brillante por Alba Barbé i Serra y pre-estrenado el jueves en la Filmoteca de Catalunya.

Al fin y al cabo, fue el talentoso Xavier Dolan quien me abrió los ojos hace cinco años cuando, advertido por el programa Días de Cine, remanso de calidad en nuestra maltratada televisión pública, me animé a ver la cinta Lawrence Anyways, donde el precoz realizador canadiense cuenta la fascinante historia de una pareja que se enfrenta a la temida encrucijada que sigue suponiendo el travestismo.

En un ejercicio cinematográfico concienzudo y virtuoso, Dolan ofreció una visión inédita –al menos para este ignorante espectador– sobre el mayormente oculto mundo del llamado crossdressing: un hombre, ya emparejado, le explica a su novia que le gusta vestirse de mujer, y ambos intentan, con convicción adulta, el complicado asalto conjunto del empinado recorrido hasta su transformación definitiva.

Y pese a la fascinación por la cinta y ese nuevo mundo revelado, la cuestión muchas veces me sigue incomodando. Me cuesta ver a un hombre vestido de mujer, lo admito. Cada vez menos, pero no me acostumbro del todo. A veces me da palo.

Es por ello que EnFemme es un documental tan necesario, de más que recomendable proyección en nuestros institutos, casales, centros cívicos y –evidentemente– cines y festivales en cuanto inicie su distribución.

Porque somos muchos los que, lamentablemente, aún conservamos esos molestos tics del pasado y requerimos de más terapia de shock como esta película para palpar, de frente y sin tapujos, la realidad trans que no conseguimos entender del todo en las –para mí hace ya tiempo cansinas– películas de Pedro Almodóvar.

Porque son tantos los que ni siquiera se acercan, ni que sea remotamente, a este mundo; por puro desconocimiento o prejuicios más pronunciados.

Porque la transfobia, incluso desde los ambitos más supuestamente progresistas, sigue siendo un problema grave de nuestra sociedad, y demasiado a menudo con trágicas consecuencias.

Porque debemos educarnos siempre. Aprender a distinguir, por ejemplo, entre lo supone defender la identidad de género, pero también la expresión de género, no necesariamente ligada a la identidad sexual de la persona.

Apoyada en un excelente equipo técnico, Barbé encara sin complejos el complicado proceso de cada una de las protagonistas de EnFemme, el club privado en al que acuden para travestirse, sentirse como lo que son y hacer terapia de grupo.

La magnitud de sus historias personales, todas teñidas de episodios de profunda tristeza, sentido lícito de indefensión o exasperante desconcierto, trasciende la pantalla pero no inunda la sala de melancolía, sino que despierta, siempre desde el placer, una conciencia adormecida, pero que muchos deseamos alimentar pese a esos añejos tics, cada vez menos latentes en nuestro interior.

Ellas y ellos –perdónenme por no recurrir a la arrob@, pues hasta allí aún no llego– nos acompañan con sus estimulantes reflexiones, humor inteligente, risas, naturalidad y alegría vital, expuestas de forma deliciosa por el académico montaje de Nuria Esquerra y Andrea Corachán, y siguiendo el hilo conductor del matrimonio entre Xesca y Carme, alterado como tantos otros cuando la primera le comunica por primera vez a la segunda que le gusta vestirse de mujer.

Aunque el semiclandestino local irradia esperanza, su dura realidad no se diluye en un falso discurso frívolo. “Aquí hemos llorado. Y mucho”, subraya Mónica desde el refugio comunitario.

Y hay un notable trabajo de campo. Como la entrevista al dibujante Nazario o las críticas de la propia comunidad homosexual al desaparecido Javier Pérez Ocaña en los años 70, por su supuesto exceso de lo que hoy seguimos llamando pluma.

“Uno de los principales dilemas era que lo que aquí se muestra es la experiencia del crossdressing, que si por algo se vertebra es por la experiencia compartida en el secreto. ¿Cómo revelar el secreto sin revelarlas a ellas? ¿Era posible una mirada neutral no tránsfuga de una investigadora sui generis en un contexto donde opera la transfobia?”, se preguntaba Barbé, quien acudió primero al club con la intención de profundizar en su tesis de Antropología. “La intención del documental era la de visibilizar esta práctica e interpelar al espectador, sacarlo de su zona de confort”.

Tras poco más de hora y media de visionado, con incontables carcajadas y más de una lágrima, puedo decir, sin temor a caer en el equívoco: Misión cumplida.

La directora acabó ovacionada por una sala repleta y emocionada, puesta en pie en el aplauso y seducida en el arranque por el íntimo piano en directo de Paula Vegas interpretando las piezas compuestas por Clara Peya para la banda sonora.

Ante tanto regalo, no cabe más que sumarse al elogio unánime.

Gracias, estimado Luis, por arrastrarme a la Filmoteca en una tarde tonta y calurosa de junio.

Gracias Alba, por incomodarme una vez más con tu imborrable e indispensable documental. Bravo. Y mucha suerte con los proyectos por venir. Te seguiremos la pista.

Gracias, femmes, por existir y, con vuestra valentía diaria, arrojar un poco más de color –a golpe de rímel si hace falta– sobre este mundo tan a menudo ensombrecido que nos rodea.

Y, si podéis, perdonadnos a los que no nos acabamos de acostumbrar del todo a vuestra arrebatadora presencia. Yo, por lo menos, seguiré intentándolo.

Con ambiciosos y maravillosos documentos como este, se hace algo más la luz.

Al fin.

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