Buenas noches y buena suerte

{Banda Sonora: Tell me something: the songs of Mose Allison – Van Morrison}

Por ALEX OLLER

Als periodistes s’ens gira feina”, aseguraba Karma Peiró, directora de Nació Digital, al tomar primero la palabra en la conferencia sobre nuevos formatos de periodismo que ofreció el ciclo Rastres de Futur, la cultura catalana del segle XXI el pasado martes en la Sala Seca Espai Brossa de Barcelona.

A los periodistas se nos acumula el trabajo, venía a decir sobre la encrucijada actual Peiró, para quien parte de la clave en adelante radicará en la función de guía del profesional de la información. Ya saben, verificación de datos y comprobación de esas chorraditas que tanta pereza nos dan. Y el viejo mantra que nunca caduca: ir, observar, preguntar y explicar. Que cosas.

Que el debate sobre el incierto futuro del oficio se celebrara en el íntimo espacio teatral que lleva el nombre de Joan Brossa, el añorado e irreverente dramaturgo catalán, no deja de tener su guasa. Una charla de periodistas, dócilmente moderada por Joan Solé, de la revista Mirall, en un marco inicialmente diseñado para las artes escénicas. No hubo alzamiento ni bajada de telón en este caso, pero no faltaron reflexiones interesantes.

“Vivimos en una sociedad a la carta, donde uno puede elegir, por ejemplo, desde qué monoplaza de Fórmula Uno visionar un Gran Premio en televisión. El problema es que, mientras asumes desde tu sofá las funciones de realizador amateur, puede que te pierdas el accidente que acabe definiendo la carrera”, apuntó Jofre Llombart, subdirector de El Món a RAC1.

El comunicador radiofónico resaltó la democratización que twitter y demás redes sociales representan para los medios, pero advirtió también de los peligros que acarrea el denominado reto de la pertenencia que, de forma tan creciente, emerge en el día a día a modo de pregunta mal disimulada.

¿Y tú, con quien vas?

La reflexión me traslada a la polémica suscitada hace unos días con la partidista promoción de la final de la Liga de Campeones que emitió TV3 y que provocó el rechazo de parte de quienes, con nuestros impuestos, financiamos la televisión pública catalana. Entre los indignados no faltó el ex presentador de su noticiario, Carles Francino hoy en la Cadena Ser con un demoledor artículo al respecto en el Periódico.

De vuelta a la conferencia sobre nuevos formatos de periodismo, Biel Figueras señaló que, ya puestos a asumir la dictadura del click, los contenidos positivos suelen ser más virales que los negativos, y dio en la tecla al reconocer el grave problema de credibilidad que sufren los mass media en la actualidad. “Al lector hay que tratarlo como un adulto, no como un niño. Necesitamos un periodismo elaborado, con artículos revisados y editados. Con valores”, resumió el fundador de la revista L’Endavant.

El asunto es que las grandes corporaciones de la comunicación, por diversos motivos, no están por la labor; sospecha que pude corroborar el miércoles con el visionado del Documental del mes que proyectó el Centre Civic Fort Pienc, Todos los gobiernos mienten.

La cinta, dirigida por Fred Peabody y producida por el combativo Oliver Stone, delata el compadreo y connivencia de las poderosas cadenas norteamericanas con el gobierno de los Estados Unidos y las calamitosas consecuencias que resultan de la dejadez de funciones del llamado cuarto poder en tiempos de crisis.

Sobresale la resistencia de trinchera del desaparecido I.F. Stone, que intentan seguir discípulos como Matt Taibi, de Rolling Stone, el crítico Jeff Cohen o Amy Goodman, de Democracy Now. Pero, sobre todo, destaca la constatación de que seguimos de lleno en lo que Noam Chomsky y Edward S. Herman definieron hace ya dos décadas atrás como La construcción del consenso.

Desconcierta, por ahora, el hecho de que toda una institución como el New York Times, haya optado por eliminar la trascendente figura del Defensor del lector, y alterado a la vez el organigrama de redacción, con la contratación de un mayor número de periodistas en perjuicio de la labor editorial.

Pero preocupa más el dato aportado por Llombart: “Según un estudio de la universidad de Stanford, el 82% de jóvenes estudiantes americanos no sabe distinguir una noticia falsa de una real. Falta educación. Somos un pilar fundamental, pero no exclusivo”, resalta, y con razón, el comunicador.

Esa crítica apenas aparece en Todos los gobiernos mienten. Y es clave.

Todos los gobiernos mienten, cierto.

Todos.

El trabajo de la prensa es encontrar la mentira y presentarla al público, tal como subrayó Ed Murrow en su profético discurso llevado a la gran pantalla en Buenas noches y buena suerte y que, por desgracia, sigue vigente hoy en día.

Y el público es responsable de lo que consume. Su deber es exigirle a la prensa que haga su trabajo.

Mientras eso no ocurra, seguiremos abonados a la dictadura del click y sus nocivos clickbaits –incluso en rincones tan supuestamente sagrados como el de fe de erratas–, y seremos presa fácil de quienes pretenden manipularnos a través de los medios.

“Debemos autorregularnos, desechar las noticias falsas y rebatir a quienes intoxican las reales con información no contrastada en sus comentarios. Internet es más pequeña de lo que parece”, sostuvo, de nuevo desde el surrealista Espai Brossa,  Arturo Puente, periodista de El Diario.es.

Quizás tenga razón. Pero tampoco parecemos tantos lo que alzamos la voz en contra de la estupidez reinante en el actual relato periodístico.

Y encima, como casi siempre, se nos van los mejores.

Permítanme, para cerrar, un recuerdo para el legendario Frank Deford, maestro en el arte de contar historias, ya fuera en la radio pública norteamericana NPR, la prestigiosa Sports Illustrated o tantos de sus libros publicados.

Fallecido hace poco más de una semana, fundó también en 1989 el ambicioso rotativo The National, frustrado experimento del magnate mexicano Emilio Azcárraga, de corta pero intensa vida impresa.

Y cito nuevamente al Murrow cinematográfico, tras la muerte de un apreciado colega:

Un obituario del montón, pero al menos no cometimos errores y fue breve. Y eso es todo lo que Doug Hollenbeck hubiera pedido.

Buenas noches y buena suerte.

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