Pop… se acabó el cuento

{Banda sonora: Mr. Pitiful – Sir Douglas Quintet}

Por ALEX OLLER

Aún caliente la derrota de los Spurs en el primer partido de la Semifinal de la Conferencia Oeste contra los Warriors, donde Kawhi Leonard se lesionó el tobillo al caer sobre el pie extendido de Zaza Pachulia, la pregunta era bien simple:

“¿Cuánto se han complicado sus posibilidades de pasar ronda?”, cuestionó la prensa al entrenador de San Antonio, Gregg Popovich.

Y el hombre al que muchos llaman sencillamente Pop, explotó.

“¡Vamos hombre! Es una pregunta tonta. Ganábamos de 23 puntos en el tercer cuarto y Kawhi cayó, tal cual. ¿Queréis saber cómo nos sentimos? ¡Esto es una mierda!”, contestó un irritado Popovich. “¿A quién le importa un carajo su intención? ¿Habéis oído hablar de homicidio? Vas a la cárcel igual. Este tipo de jugada fue ilegalizada hace tiempo. Estoy cabreado”.

Hipérbole aparte, no le falta razón al entrenador de los Spurs, con todo el crédito que le otorgan sus cinco anillos de campeón de la NBA: Leonard llegó renqueante después de lastimarse el tobillo en la serie anterior contra Houston y, tras volvérselo a doblar en una jugada fortuita frente a su propio banquillo en Oakland, cayó víctima de una jugada antideportiva, malintencionada y despreciable de Pachulia, uno de los sospechosos habituales de la liga.

Pero rebobinemos la cinta un poco más lejos.

Como una década atrás.

Mayo de 2005. La víspera de las Semis de Conferencia contra los Supersonics, Popovich atendía a los medios de comunicación tras una sesión de entrenamiento en San Antonio.

Las quejas desde múltiples frentes sobre el supuesto juego sucio del especialista defensivo de los Spurs, Bruce Bowen, se venían multiplicando a lo largo de la temporada, y el alero sería sin duda el encargado de emparejarse con Ray Allen, el entonces mejor jugador de Seattle, con quien ya había tenido sus más y sus menos en numerosas ocasiones.

La pregunta, como ahora, era de lo más sencilla.

“¿Cree que la mala reputación de Bowen podría influenciar el arbitraje?”, intervino el periodista.

Popovich –perdón, Pop– podría haber contestado simplemente que no,  o que le importaba un pimiento, o aprovechado la ocasión para defender la inocencia de Bowen.

Pero al huraño entrenador –ese que suele afrontar con gruñidos más propios de Clint Eastwood en Gran Torino que como un multimillonario profesional las entrevistas a pie de cancha–, le dio también aquel día por explotar ante su interlocutor.

Solo que la deflagración le envió en dirección totalmente contraria a la actual.

“¿Mala Reputación? ¿Qué mala reputación?”, repreguntó a modo de contrataque Pop, con cara avinagrada.

“Bueno, ha habido varias quejas sobre su juego supuestamente sucio…”, contextualizó el periodista.

“¿Quejas? ¿Qué quejas? ¿Quién se ha quejado?”, refunfuñó Eastwood  –perdón, Pop–.

“Jugadores, prensa…”, siguió el periodista.

“¿Jugadores? ¿Qué jugadores?”, inquirió Pop.

“Ray Allen se ha quejado. Vince Carter se ha quejado. Michael Finley y Kobe Bryant se han quejado…”, enumeró el periodista.

“¿Prensa? ¿Qué prensa?”, cambió de frente Pop.

“Sam Smith, del Chicago Tribune, reporteó que la defensa de Bowen era susceptible de crítica…”, aclaró el periodista.

“¿Qué escribió Sam Smith? ¿Qué dijo exactamente?”, exigió saber Pop.

“Smith dijo que los rivales se quejaban de que Bowen intenta lesionarles. Que se desliza por debajo cuando lanzan para provocarles una torcedura en la caída”, explicó el periodista.

“¿Tienes esa cita literal en la mano? ¿No? ¿Intentas tomarme el pelo? ¡Vuelve cuando la tengas!”, ordenó el marcial Popovich, dando por cerrada la sesión ante los atónitos medios informativos.

Lo que siguió a continuación fue una desagradable subida de tono, mínimamente apaciguada por el repentinamente dócil equipo de comunicación de San Antonio, que alejó de la escena al no tan entrañable cascarrabias lo más pronto que pudo.

Solo le faltó espetar aquello de “¡Fuera de mi jardín!”.

Los Spurs acabaron ganando aquella serie por 4-2, la siguiente contra Phoenix por 4-1 y, finalmente, el campeonato frente a Detroit por 4-3.

Entre partido y partido, el impertérrito periodista entregó a Popovich una copia del artículo del Chicago Tribune, ampliando el dossier informativo a otras declaraciones publicadas en prensa, denunciando todas ellas las censurables tácticas de Bowen.

Y nunca más se supo del asunto.

Aceleremos pues, de nuevo, a 2017.

“Un acercamiento de dos pasos con el pie extendido no es apropiado. Es peligroso. Es antideportivo. Es algo que no se le hace a nadie. Y este particular individuo tiene un amplio historial de este tipo de acciones”, acusó el lunes Popovich.

El sujeto en este caso ya no era Bowen, sino Pachulia, quien cortó de cuajo el vulnerable descenso de Leonard tras suspensión y, de paso –valga la redundancia–, las aspiraciones de los Spurs de dar la sorpresa ante Golden State.

Fue una acción miserable que nos robó a todos del concurso uno de los mejores jugadores hasta el momento de la postemporada, descartado al menos para el siguiente partido.

Esperemos que vuelva pronto y sano. Por su bien, el de su equipo, y el de todos los aficionados a la NBA.

Porque sin él, los Spurs encajaron un parcial de 18-1 en apenas cuatro minutos y acabaron perdiendo por 113-111, recordándonos a todos que toda la preparación, sacrificio y estrategia de una larga temporada pueden irse al traste en un momento y de la forma más simple.

Saltó Kawhi, metió el pie Zaza, y ¡Pop!… se acabó el cuento.

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