Madrid, de posible fundido en negro a celebrar la “undécima”

[Este artículo fue editado y publicado en abril de 2016 por THE ASSOCIATED PRESS]

Por ALEX OLLER

MILÁN, Italia (AP) – “Correr, correr y correr”, repitió el viernes Zinedine Zidane respecto a lo requerido para que su Real Madrid ganara la final de la Liga de Campeones al vecino Atlético de Madrid.

Y el equipo blanco corrió, corrió y corrió el sábado en el estadio San Siro hasta celebrar su undécima copa de Europa, el mayor número de la historia que fue también la segunda del técnico francés, ganador como jugador en 2002 con el club merengue.

Al nuevo campeón de Europa casi no le alcanzó para tumbar al equipo dirigido por el argentino  Diego Simeone, aguerrido también cómo pocos, y capaz de forzar una prórroga a poco del final del tiempo reglamentario, que acabó derivando en tanda de penales.

Cristiano Ronaldo marcó el tiro decisivo y posó para la foto, pero más que el triunfo del astro portugués, la victoria del Madrid fue también la de actores secundarios como Lucas Vázquez, quien convirtió con seguridad el primer lanzamiento, o el ascendente Carlos Casemiro, el mediocentro recuperador que encumbró Zidane y respondió con creces en la gran final.

Tanto empecinamiento en la carrera acabó por dejar mella en el equipo blanco, y los futbolistas supieron arremangarse tanto como el Atlético, aguantando los 120 minutos disputados a todo trapo desde el silbato inicial.

“Al final sufrimos mucho físicamente. Fue un partido durísimo y mentalmente hay mucha presión. Luchamos, trabajamos y cuando consigues algo tan grande significa mucho para el club, la plantilla y la afición”, valoró un radiante Zidane en rueda de prensa.

Al fin y al cabo, el técnico se subió al galope a un tren en marcha a mediados de temporada, cuando el presidente Florentino Pérez cesó al supuesto nuevo líder del proyecto madridista, Rafa Benítez, apenas seis meses después de su nombramiento como técnico.

La preferencia del máximo mandatario, que ha consumido cinco entrenadores desde que volviera a asumir el sillón en 2009, siempre fue la Champions, que ansiaba teñir de blanco por tercera vez bajo su gestión ejecutiva, contando también la anterior etapa, entre 2000 y 2006.

Si aquel Madrid fue conocido como el de “los galácticos” por el elenco de figuras reunidas en persecución de la mayor gloria planetaria, el actual plantel no desmerece aquel proyecto faraónico, que también lideró Zidane sobre la cancha.

Pero el técnico francés moldeó en la final un once a su gusto con Casemiro como ancla, mientras nombres más  célebres como el colombiano James Rodríguez ni siquiera entraron en acción, y sus decisiones acabó salvando por ahora la errática gestión de su presidente.

La apuesta improvisada por la carta de Zidane y la puja por el máximo título continental limitaron la pelea por la liga española 2015-2016, finalmente ganada por el Barcelona con un solitario punto de ventaja sobre el Madrid, que reaccionó tarde con 12 victorias consecutivas y se quedó a las puertas del éxito.

La entidad merengue, que solo ha conquistado uno de los últimos ocho campeonatos nacionales, ya había penalizado su creciente desidia por la estructura deportiva en diciembre, cuando se vio eliminada a las primeras de cambio de la Copa del Rey tras  grotesco despiste por la alineación indebida del sancionado Denis Cheryshev, que acarreó la descalificación directa de la competición doméstica.

Pero la vista de Pérez seguía clavada en la Champions, el torneo que casi todo lo tapa, que perdona cualquier error pasado, por grave que haya parecido en su momento. El título que todos desean con fervor, más si cabe, en caso de arrebatárselo de las manos al irreverente vecino.

“No consideraría un fracaso acabar la temporada sin títulos, pero si una oportunidad perdida, porque cuesta mucho llegar hasta aquí”, había ponderado en la previa Sergio Ramos, goleador en la final.

La cita ante el Atlético era, efectivamente, una ocasión pintiparada de hacer borrón y cuenta nueva, engordando aún más las vitrinas del club y abrillantando el aura de Zidane, abanderado del último proyecto de Pérez, a quien gran parte de los aficionados exigieron la dimisión en febrero, precisamente tras perder el “derbi” liguero contra los de Simeone en su propio estadio.

Pero, más que un plan con definida hoja de ruta, la jugada del empresario constructor fue más bien un salto al vacío de la mano de una leyenda que inició la campaña anterior sin tan siquiera poseer el carnet de entrenador, apenas destacó dirigiendo al equipo filial, y bastante hizo con direccionar la nave extraviada hasta las puertas de la “undécima”.

El vértigo y las prisas no acabaron pasando factura al equipo de Zidane, capaz triunfar gracias en parte a los meritorios que menospreció no hace tanto Cristiano.

“Sabía que se podía ganar este título. Lo hemos conseguido con esfuerzo y trabajo. Los futbolistas se lo merecen todo”, insistió Zidane.

Le bastó al Madrid con correr y acertar desde el punto de penal. El fundido en negro que por momentos amenazó con culminar en una cuarta temporada sin grandes títulos para Pérez acabó en la “Undécima” teñida de blanco.

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