Amargura, humor y satisfacción: la canción de “Rigo” Urán

[Este artículo fue editado y publicado en abril de 2015 por THE ASSOCIATED PRESS]

Por ALEX OLLER

BARCELONA, España (AP) – “He tenido muchas más amarguras que momentos dulces”, suelta Rigoberto Urán cuando se le pregunta por su mejor recuerdo al lomo de una bicicleta.

Lo dice sin aparente resquemor, poco antes de tomar la salida de la quinta etapa de la Volta a Catalunya, carrera corta en que la que el colombiano aspira a la victoria final, clasificado quinto en la general al término de la jornada y con dos podios ya en el zurrón tras el segundo puesto del viernes. De logros como los que depare su participación en el circuito mediterráneo espera alimentarse Urán en su novena temporada como ciclista profesional. “La más exigente”, subraya el oriundo de Urrao, quien hace apenas dos semanas sufrió las inclemencias climatológicas de los montes Abruzos en la Tirreno-Adriático. “Cómo es de brava esta vaina”, expresó, impactado por la dantesca nevada que cubría la meta del Terminillo.

El actual líder del equipo Omega-Quick Step acabaría subiéndose al podio al final de la clásica, donde una vez más se encontró felicitando arriba del cajón a su compatriota Nairo Quintana, ganador también del pasado Giro de Italia, en el que Urán fue segundo. En ambas competencias, se trataba de la primera vez que un ciclista del país suramericano se proclamaba ganador; la guinda de un pastel que empezó por mordisquear el antioqueño sobre el asfalto italiano, cuando estrenó la “maglia rosa” que se enfundaría en última instancia Quintana.

Ambos lideran a su manera el resurgir del ciclismo colombiano en el panorama internacional, evocador de las gestas de aquella generación de los años ochenta que lideraron hombres como Fabio Parra o “Lucho” Herrera. Hoy son nombres como los de Sergio Henao, Carlos Betancourt o Darwin Atapuma los que también silban a través de los altos picos del Viejo Continente; la mayoría curtidos en los australes montes antioqueños, todos pulidos en la escuela ciclista europea, en la que talentos como Urán ingresaron apenas cumplida la mayoría de edad.

Primero a orillas del italiano lago de Garda al pie de los Alpes, luego en la fresca Pamplona que sombrean los Pirineos españoles y finalmente en la lujosa Mónaco, el antioqueño asimiló las enseñanzas de maestros como José Miguel Echavarri o Eusebio Unzué, hoy jefe de filas de Quintana en el equipo Movistar pero gran valedor en su día de Urán, del que destacó desde un inicio su madurez.

“Es mentalmente muy fuerte y relajado. Me ha sorprendido porque es aún mejor de lo que esperaba. Una superestrella. Muy completo, capaz de competir en montaña y crono”, explica su actual director deportivo, Brian Holm, quien define al rodador como “un tipo divertido, capaz de romper el hielo en una reunión de trabajo con un grito guasón. Habla poco, pero sus compañeros se parten la cara por él“, asegura el danés.

A Urán no le faltarían desde luego argumentos para la pesadumbre, empezando por el asesinato de su padre cuando contaba apenas 14 años, y siguiendo con desencantos deportivos como el despiste que le costó la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Londres 2012 o la caída en el Mundial de 2013 de Florencia, que le dejó sin podio.

“Este es un deporte duro en el que hay que estar siempre en vanguardia, porque cuando te descuidas caes atrás. Te tiene que gustar para poder hacerlo bien, porque muchas veces ocurren cosas desafortunadas. La clave es tener mala memoria”, opina cual superhombre de Nietzche el colombiano, quien cuenta entre sus momentos amargos la última Vuelta España, cuando se vio forzado a abandonar por culpa de una bronquitis, y asegura haber olvidado ya el mal trago final del Giro.

“Este año es difícil, pero todo va sobre la marcha. El objetivo es ganar el Giro, que me sigue faltando, y estar adelante en el Tour. Paso por paso”, subraya el subcampeón consecutivo del certamen italiano, que regresará tras tres años de ausencia a las carreteras francesas. “El Tour es la carrera más importante y más exigente del mundo. Cada día es complicado ir en fuga, porque todos tienen mucha velocidad y nivel. Hay mucha guerra y espectáculo.  Antes no pude ir por cuestiones de equipo y recorrido. Creo que este año puedo rendir en ambas citas. Habrá que ver como estoy después del Giro para llegar bien a la última semana del Tour”.

El ciclista reconoce que su particular punto de inflexión se produjo precisamente en el Giro de hace dos años, cuando debió relevar a Bradley Wiggins del liderato del Sky tras varias caídas del británico. Le sentaron bien los galones y buscó la mayor libertad que le ofrecía el belga Omega Quick-Step. “Pasé muchos procesos. Entonces me di cuenta que podía estar delante desde el principio”, recuerda. “Ahora tengo más presión por los resultados y porque trabajan para mí. Hay que aprender a convivir con ello y luchar contra rivales de mucha clase como Chris Froome,  Alberto Contador o Nairo”.

Con su compatriota limita la rivalidad a lo estrictamente deportivo y el mínimo exigible entre un “paisa” como él y el boyacense Quintana. “No le pongo mucha cabeza, la verdad. Para Colombia es una maravilla contar con dos ciclistas a este nivel. En la carretera gana siempre el más fuerte”, zanja tras constatar el auge del ciclismo patrio en febrero, cuando se coronó campeón nacional de contrarreloj. “Fue muy emotivo volver y ver a tanta gente en las carreteras animando y practicando el  ciclismo, incluidos mujeres y niños”, explica el consolidado referente de las nuevas generaciones.

A Holm no le cuesta percibir en su pupilo trazos de Froome o incluso contemporáneos de su época como Greg Lemmond, tricampeón del Tour a finales de los 80.  “Está muy enfocado en su tarea y también en derrotar a Nairo, porque es un competidor nato y, en mi opinión, más completo. De lo contrario no estará aquí. En carrera tienes que ser un asesino sin piedad, aunque cuando se bajan de la bici son caballeros. No sé si se retroalimentan, ojalá. Son más completos que Parra y Hererra, que sufrían en llano y no tenían tanta habilidad en descenso”, explica el director deportivo. “Y como Wiggins, “Rigo” es un poco estrella del rock. Tiene estilo y se lo piensa dos veces antes de elegir vestimenta para salir a la calle. Es muy presumido. No solo se parece a Mick Jagger (cantante de los Rolling Stones) por su cara y su melena”, bromea.

Urán aspira por ahora al Giro que le faltó a Lemmond, quien tampoco encontró en su día un rival como Quintana, sino que más bien pasó el testigo al español Miguel Induráin, dominador de otra era.

El horizonte ciclista actual se percibe más amplio y variopinto, con aroma latino en cabeza de pelotón y Urán, a rueda de Quintana en pugna por la meta. Quizás el próximo Giro devenga nuevo resorte para el antioqueño en su afán por coronarse en una gran carrera; o puede que el Tour, si Quintana no se lo impide de nuevo. Hasta entonces, seguirá pedaleando e intentándolo con fuerza “Rigo”, buscando la satisfacción que tanto reclamaba Jagger en su célebre canción.

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