Atlético, el laboratorio que no para

[Este artículo fue editado y publicado en octubre de 2014 por THE ASSOCIATED PRESS]

Por ALEX OLLER

BARCELONA, España (AP) – El Atlético de Madrid acababa de proclamarse campeón de la liga española en cancha del todopoderoso Barcelona, rascando un empate por 1-1 gracias a un imperial gol de cabeza del uruguayo Diego Godín en tiro de esquina.

Sereno tras la celebración, Diego Simeone se presentó en rueda de prensa acompañado del cuerpo técnico al completo. Seis hombres rodeaban al timonel argentino en su discurso victorioso, en que no faltó el razonamiento de la singular iconografía. “Quería compartir este momento con mi gente, que no se ve en televisión pero que sí trabaja igual o mucho más de los que se ven”, explicó “el Cholo”.

Esa “gente” eran su asesor de prensa, Pepe Pasqués, los preparadores físicos, Oscar Ortega y Carlos Menéndez, el entrenador de arqueros Pablo Vercellone, el tercer técnico Juan Vizcaíno y el segundo, Germán “el Mono” Burgos.

El último sí sale a menudo por televisión, en ocasiones mal caracterizado por actitudes poco decorosas como cuando, en pleno clásico ciudadano contra el Real Madrid, amenazó literalmente con arrancarle la cabeza al entrenador rival, José Mourinho.

Pero Burgos también es considerado el ideólogo tras el principal argumento futbolístico del vigente campeón: las jugadas a balón parado. Supervisadas escrupulosamente por Simeone, el origen de las mismas puede recaer en el iluminado más diverso, sea este el “Cholo”, Burgos, Vizcaíno o uno de los 22 futbolistas integrantes del plantel. Pero suele ser “el Mono”, ex arquero de River Plate y el propio Atlético, el que dedique horas de estudio a la materia en cuestión, visionando primero en el laboratorio y, armado con tecnología puntera, infinitas repeticiones de una misma jugada; analizando pros, contras y variantes hasta presentar un prototipo que el resto del cuerpo técnico pueda empezar a pulir concienzudamente en el campo de entrenamiento.

Alumno de diversas escuelas futbolísticas, Simeone aterrizó en España en 1992 de la mano de su compatriota Carlos Bilardo, entonces técnico del Sevilla. Bilardo fue a su vez integrante de aquel Estudiantes de la Plata de finales de la década de los 60 que lo ganó casi todo y destacó por incorporar el estudio minucioso de las jugadas de estrategia bajo la dirección de Osvaldo Zubeldía.

Honrando aquel estricto rigor bilardista, ninguna de las acciones de pizarra ensayadas en el complejo del Cerro del Espino, a 20 kilómetros de Madrid, verá la luz en partido oficial hasta que cada detalle haya sido ejecutado con la exigida precisión que, en el caso del obsesivo Simeone, se revela infinita. Nada se improvisa en las sesiones, intensas y de ejercicios compactados para mantener la atención máxima de sus pupilos. Evitar el exceso de información es una de las claves del éxito; y la clave para adivinar el próximo once titular está en los elegidos para ensayar faltas y tiros de esquina.

De natural intenso, “el Cholo” se desgañita cada fin de semana en la banda y participa de la toma de decisiones de sus futbolistas en el transcurso del partido. No existe, en el cuerpo técnico rojiblanco, ese coordinador de “equipos especiales” habitual de los equipos de fútbol americano, pero ese aspecto del juego es tratado con tanta o más importancia en el trabajo semanal y produce imágenes similares a las de una banca de la NFL cada vez que un jugador del Atlético se dispone a lanzar un tiro de esquina o tiro libre indirecto. Inquieto y ansioso, como el resto de la grada que anticipa el peligro y ruge cual estadio británico, Simeone señala jugada y/o gesticula para situar defensivamente a sus hombres en caso de falta en contra.

A veces la maniaca liturgia queda en experimento fallido, en simple video delator de la compulsiva personalidad del entrenador. Pero en otras genera goles importantes que allanan el camino a un título e imágenes imborrables como el excelente tanto de Arda Turan al Oporto en pasada la Liga de Campeones cuando, tras amago y distracción colectiva, el turco partió de la barrera defensiva y fusiló al arquero.

La impecable coreografía, inmortalizada online, evocó la diana de Javier Zanetti con Argentina a Inglaterra en la Copa del Mundo de Francia 1998. Simeone formó parte de aquel combinado y tomó buena nota de la pizarra perfeccionada por el seleccionador Daniel Pasarella, como haría también en el siguiente mundial bajo el timón de Marcelo Bielsa.

Pero ningún equipo se alimentó más de las jugadas a balón parado que el Atlético ganador del doblete de liga y Copa del Rey en 1996. Aunque luego se distanciaran, Simeone fue a la vez artífice y beneficiado de la filosofía del técnico Radomir Antic y los lanzamientos desde la esquina de Milinko Pantic. Aquella liga la levantaron los colchoneros con una estadística de 37 goles de 75 anotados en acciones de estrategia: casi el 50% de efectividad. “Fuimos pioneros en muchas cosas y no recuerdo haber encajado ningún gol de falta o córner”, se felicita Antic.

Aunque también depende de la inspiración de lanzadores como el zurdo Jorge Ressurección “Koke” o el diestro Gabi Fernández, con relativa libertad para repartirse los tiros libres según sensaciones, el repertorio del actual Atlético se antoja más variado que el de dos décadas atrás y ya ha ganado adeptos como Míchel González. El ex ídolo del Madrid y actual entrenador del Olympiacos reconoció recientemente que había copiado algún truco del libreto de su homólogo colchonero. “El Atlético es un equipo muy trabajado y sus resultados hablan por sí solos”, remarcó antes de ganar al cuadro rojiblanco, 3-2, el pasado septiembre en la Champions.

Fue un traspié inusual del Atlético, como el de la pasada fecha liguera cuando perdió 3-1 contra el Valencia, encajando gol en un tiro de esquina e incluso fallando un penal que lanzó Siqueira. “Normalmente los tira (Mario) Mandzukic, pero cogió el balón y le di permiso”, aclaró luego Simeone sobre un accidente incapaz de borrar los fríos datos: en el presente campeonato, nueve de los 12 tantos del vigente campeón han sido a balón parado y el central Miranda se ha erigido en el máximo goleador del equipo con tres dianas. Mandzukic, el delantero más prolífero, apenas cuenta dos.

“Las guerras no las ganan los mejores, sino los que las combaten mejor estratégicamente”, comentó el curso pasado Simeone, camino del título doméstico y el subcampeonato europeo; y replicó en el actual a los apuntes de excesiva dependencia: “No me preocupa ganar con goles de estrategia porque es parte del juego: para tener un córner, hay que atacar. Aquí todo lo que se ve en el campo se trabaja a diario”, recalcó.

El credo no cambia y un plan específico adecuado a cada rival sigue elaborándose a telón bajado. En televisión sólo se apreciará el producto final y, quizás en caso de celebración, a sus abnegados creadores.

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