Los relevos del 4×100 despiden por la puerta grande a Medrano

[Este artículo fue editado y publicado en agosto  de 2013 por THE ASSOCIATED PRESS]

Por ALEX OLLER

BARCELONA, España (AP) – La imagen de las cuatro nadadoras mexicanas, Fernanda González, Erica Dittmer, Liliana Ibáñez y Rita Medrano, con manos descansando en el hombro vecino, unidas en un solo abrazo, destilaba felicidad y complicidad. El aroma de la victoria, pese a acabar 13ras la prueba preliminar de los relevos 4×100 combinados el domingo en el mundial de natación, emanaba de la escena. Casi tanto como la sensación de melancolía por la despedida del certamen y el improvisado adiós de Rita Medrano

El grupo, Medrano incluida, se dobló de risa cuando a Dittmer se le escapó la noticia al comentar que “en los relevos nadas por tus amigas, no sola, y teníamos muchísimas de ganar por Rita, porque era su último evento y tenía que ser especial”.

Borracha de felicidad junto a sus compañeras, Medrano no alcanzó la zona mixta con planes de anunciar retirada alguna, pero aprovechó con desparpajo el momento para reconocer que “me vengo a estudiar a Madrid mi maestría de mercadotecnia. Necesito un pequeño descanso y ahora debo concentrarme un poco más en mi carrera profesional. Aunque irme con tan buen sabor de boca hace que te entren ganas de seguir, y la puerta siempre quedará abierta para regresar”.

La despedida no pudo ser mejor para la deportista de Aguascalientes ni el equipo de relevos, que cerró su participación en el certamen estableciendo un nuevo récord mexicano en la modalidad, al registrar un tiempo de 4:08:82.

No es que se tratara de ninguna sorpresa pues, ostentando cada una de sus integrantes la mejor marca nacional en sus especialidades respectivas (González en dorso, Medrano en mariposa, Dittmer en pecho e Ibáñez en libres), el combinado aterrizaba en Barcelona como el mejor equipo de relevos de la historia de su país.

Pero el certamen había transcurrido con mezcla de luces y sombras para las nadadoras en sus competencias individuales, donde se bajaron algunas marcas y en otros casos se subieron; como cuando un fatídico error de vestimenta le costó caro a Ibáñez en su prueba inaugural.

“Teníamos ganas de demostrar lo que de verdad somos, y es un gran orgullo y un honor compartir el récord absoluto con ellas, que son grandes atletas y personas”, expresó González, instantáneamente secunda por Ibáñéz. “¡Qué bonito! Nada mejor que cerrarlo con tus amigas. Estoy muy alegre”, siguió la guanajuatense, quien llegó incluso a plantearse abandonar el mundial después de que la elección de un bañador demasiado grande lastrará su desempeño en los 200 libres. “Rita no me dejó. Es una de las personas que han impactado mi vida en positivo dentro y fuera del agua y me enseña cada día algo nuevo y bueno”, dijo.

Visiblemente emocionada, Medrano intercedió para subrayar que “nos apoyamos las unas a las otras. Yo la conozco muy bien, sé la guerrera que hay en el fondo de ella, que nunca se da por vencida,  y que se darían al final los resultados”.

Aunque platicaron juntas en la víspera, no hubo necesidad de conclave alguno para inspirar la reacción, según confesó González: “Nos conocemos ya demasiado bien. A Liliana le gusta estar riendo para sacarse el estrés, pero sabe que a mí me gusta más estar callada y enfocada. Todas asumimos nuestro rol de liderazgo y sabíamos a lo que veníamos”.

Ibáñez, quizás la más expresiva en tareas motivadoras, remarcó que “no hizo falta siquiera charlar: con mirarnos a los ojos fue suficiente. El talento que hay en México es muy grande, y pronto estaremos en semifinales y finales. Solo nos falta un pasito, que un día nos llegue la magia y suceda”.

El récord en aguas mediterráneas sirvió, entre otras cosas, para reivindicar a la generación más talentosa de la historia de la natación mexicana y, de paso, despedir por la puerta grande a Medrano, quien dijo adiós con el corazón. “No tengo palabras para describir lo que sentí junto a estas grandes nadadoras que han marcado mi vida. Con cada una he vivido un momento especial y este es el más emotivo”, concluyó.

Y con esas palabras rompieron el coro, dispuestas a cambiarse y disfrutar de Barcelona, abandonando el pabellón por la puerta grande.

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