Ibáñez al fin da la talla en el mundial de natación

[Este artículo fue editado y publicado en agosto  de 2013 por THE ASSOCIATED PRESS]

Por ALEX OLLER

BARCELONA, España (AP) – Tras acabar 30ma en la prueba preliminar de los 200 metros libres el pasado martes en el mundial de natación, Liliana Ibáñez rompió a llorar desconsolada, enrabietada consigo misma e incapaz de asimilar como un detalle tan pequeño había podido tirar por la borda tantas horas de duro sacrificio.

Furiosa, la mexicana ni siquiera fue a aflojar a la pileta de entrenamiento: salió del pabellón del Palau Sant Jordi de Barcelona rumbo al tenderete que una de las marcas patrocinadoras tiene asignado en el vecino Village  y compró un bañador de su talla.

Las tres últimas palabras resultan claves en el relato de Ibáñez quien, cuatro días después, mejoró sus prestaciones al rebajar su propio récord nacional de los 50 libres y reveló, ya un poco más aliviada, el porqué de sus discretas prestaciones en la prueba inaugural.

“Fue un error terrible: bajé 12 libras desde la última vez que había competido con el traje de carrera, hace cuatro meses, y no se me pasó por la cabeza que, al reducir tamaño, también debía haber cambiado la talla del traje por otra más pequeña. Entraba agua y, al final, era un paracaídas, completamente pesado y, cuanto más rápido iba, peor. Me arruinó la competencia y significó uno de los días más duros de mi vida”, lamentó la oriunda de Guanajuato, quien venía usando la misma talla 25 en los últimos seis años y, ni ella ni sus entrenadores cayeron en la cuenta cuando le pidieron número para el modelo mundialista.

“Todos estamos frustrados, decepcionados y tristes pero, al mismo tiempo, teníamos muchas ganas de salir de esto para demostrar que veníamos de trabajar como nunca”, dijo la joven de 21 años, ya capaz de esbozar una sonrisa al recordar el mensaje que le transmitió su madre unos días después por vía telefónica: “¡Me dijo que peor ya no me podía ir! Pero la verdad, me fue bien porque me di cuenta que no tenía nada que perder”.

Las sensaciones al término de su cuarta prueba, en que también acabó fuera del corte, fueron muy distintas pata Ibáñez. Nada más salir del agua, visionó con mezcla de entusiasmo y desespero el resto de preliminares por el televisor de la zona mixta, acompañada por su rival, la colombiana Carolina Colorado, con quien se fundió en un sentido abrazo tras confirmarse su eliminación.

“Este resultado significa muchísimo por lo ocurrido y porque llevaba cinco años en 25.70 segundos y hoy le bajé a 25:51 y me quedé a solo tres décimas de la semifinal. Me duele un poquito pero me voy muy contenta, porque hoy sucedió lo que tenía que suceder”, valoró.

La guanajuatense reconoció que no le fue fácil recuperarse anímicamente del chasco de los 200 y, de no ser por la intervención de su mejor amiga, la también nadadora Rita Medrano, muy probablemente no hubiera llegado la posterior reacción. “Después de aquel golpe, no quería saber nada: me hubiera regresado a México. Quería alocarme en el hotel comiendo lo que fuera, pero ella no me dejó y me recordó que aun me quedaban competencias”, dijo Ibáñez, a quien todavía le quedan los relevos combinados del 4×100 en la jornada de clausura.

Su entrenadora, la estadounidense Tanica Jameson, aprovechó también el revés para retar a su discípula, a la que espetó que, si no reaccionaba ante tal adversidad entonces, tampoco o lo haría nunca en una final olímpica.

“Tuve que olvidarlo y pasar página. Eso fue lo difícil, porque yo en el agua estoy perfecta pero, si no está la mente, ya puedes haber entrenado para batir el récord mundial, que no lo rompes”, sentenció.

Estudiante de planeación urbana en la universidad texana de College Station, donde entrena junto a Medrano, Ibáñez exhibió su pasión y conocimiento de la materia en su atinado análisis de Barcelona, ciudad que considera “inspiradora porque, estés donde estés, sientes el ambiente por la arquitectura. No está rodeada por los edificios. Los edificios están rodeados por Barcelona”, expuso, deseosa de visitar las obras de Antoni Gaudí en sus horas libres.

Cualquier lugar, menos la tienda de bañadores.

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