Colombiano Ríos se fue de Barcelona con ganas de más

[Este artículo fue editado y publicado en julio de 2013 por THE ASSOCIATED PRESS]

Por ALEX OLLER

BARCELONA, España (AP) – Juan Ríos estuvo peleando al filo de la navaja durante seis intensas rondas para estar el domingo en la final de la plataforma individual de clavados en el mundial de natación, pero el radiante sol de Barcelona no le sonrió al colombiano, quien finalmente no logró su objetivo por bien poco.

Un pelo de rana, se suele decir. Aunque lo más apropiado sería referirse a la diferencia exacta de puntaje que separó al 13er clasificado del 12do en la semifinal del sábado. La primera docena marcaba a los clavadistas que pasaban a la última ronda y, en esta ocasión, el corte lo superó apuradamente el bielorruso Vadim Kaptur con 430.65 puntos, apenas 9.60 más de los que consiguió Ríos.

Para el oriundo de Medellín, estar en la semifinal ya era meritorio, pero se quedó con ganas de más. Al fin y al cabo, venia de disputar una de las dos finales de Colombia en el mundial, habiendo participado en la de plataforma sincronizada junto a Víctor Ortega el pasado domingo, y acabando en el 12do lugar.

Sebastián Morales representó al país cafetero en la final restante, el trampolín de un metro, el lunes, finalizando noveno.

Los méritos de Colombia en el mundo de los clavados son escuetos, constando el sexto puesto logrado por la pareja de Juan Guillermo Urán y el propio Ortega en plataforma sincronizada de los Juegos Olímpicos de 2008 como el mayor logro de la historia del país.

Su máxima esperanza en saltos en Barcelona no es otro que Orlando Duque, una de las principales figuras en los clavados de gran altura, que debutan como modalidad en Barcelona, aunque con carácter de exhibición.

Por eso Ríos se planteó con máxima exigencia la cita mundialista, donde no le valía únicamente con superar las preliminares. “El objetivo este año era estar en la final, pero una semana antes de venir tuve una tendinitis en el hombro que me redujo el trabajo a casi cero durante dos semanas. No pude practicar en el agua y eso me afectó, porque venía de las Series Mundiales con un puntaje muy bueno. Aunque no quiero que sirva de excusa”, dijo Ríos, quien siguió doliéndose de la lesión a lo largo de la jornada.

Más que el daño físico, al discípulo de Oscar Urrea todavía le escocía el último lugar cosechado en sincronizados. “Esperábamos mucho más y superar las prestaciones de Shanghai, donde acabamos 11ros. Pero también tuvimos muchos problemas musculares en Colombia y, para colmo, acá mi compañero también se dañó el dedo”, esgrimió.

El clavadista, de apenas 19 años, tiene un amplio futuro por delante pero ansiaba consagrarse en el certamen barcelonés.

Negado, según confesión propia, para la práctica del popular futbol, se inició en los clavados por su condición de asmático. “Mis padres buscaron la piscina como forma de terapia. En el futbol era tan malo que mis compañeros no me escogían para el equipo. Hice natación de los tres a los cinco años y después me cambié a los clavados. No es un deporte tan popular, pero creo que últimamente hemos logrado, junto con mis compañeros, cambiar esa imagen de los clavados en Colombia”, reflexionó.

Por ello en parte, Ríos consideró que Barcelona le quedó a deber en la competición, aunque se congratulara de pisar unos días las calles de la bella urbe mediterránea. “Lo que más me gusta de los clavados es la forma en que todos nos superamos en un deporte tan riesgoso y también competir en otros países, compartir conocimientos con otra gente y visitar ciudades”, enumeró, declarando especial predilección por la Muralla China.

Tras no conseguir el boleto a Londres 2012, el clavadista paisa se entregó a fondo en jornadas de unas ocho horas diarias de entrenamiento, empezando a las seis de la mañana. “Queda poco tiempo para la novia, la familia y el estudio, pero me saqué el bachillerato y ahora quiero estudiar inglés. También debo elegir una carrera: estoy entre ingeniería de sistemas, negocios o idiomas, que también me encantan”.

Pero por ahora Ríos, quien luce tatuado su nombre con serigrafía kanji en la parte posterior del cuello y en su día también probó con el kung-fu, prioriza los clavados con miras a Río 2016.

Asegura, tras sufrir incontables panzazos en su carrera, mantener el debido respeto a la altura, y por ello persistirá desde los 10 metros. Ni hablar de emular las piruetas de Duque desde los 25. “Una vez en Medellín hicieron un show, me tiré desde los 15 parado y no lo vuelvo a repetir. Mis respetos, pero dejémoslo para ellos”, zanjó.

Y es que Ríos dejó Barcelona con ganas de más… desde la plataforma.

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