El Draft de la NBA, paso a paso

El fin de semana de San Juan, festividad de gran arraigo aquí en Cataluña, recibí la visita sorpresa de mi amigo de infancia, Butch. Su desembarco a Barcelona, ciudad de viejos correríos diurnos y nocturnos cuando aún  no estaba insoportablemente infestada de turistas anestesiados y/o desbocados (no hay término medio), supone siempre un tsunami logístico para sus amigos nativos. No importa que venga por trabajo o por placer: Butch, mexicano defeño, apasionado seguidor de Pumas y exiliado en la fría Bruselas, requiere de atención y asistencia ilimitada. Idealmente, por parte de un equipo de profesionales. Ante dilemas tan dispares del tipo ¿cómo planchar una camisa sin plancha? o problemas tan acuciantes como ¿dónde encuentro una tirita/tapones para los oídos/comida para levar/un taxi/un sastre/tabaco/un restaurante vegetariano/Alka Seltzer/(insertar minucia de turno acá…)?, impulsos del género tengo pis, caca, pupa, hambre, ganas de tomar una cerveza y su nulo sentido del concepto espacio-tiempo-responsabilidad personal, no hay defensa zonal ni táctica 5-4-1 que valga. Y claro, siempre acaba perdiendo el avión de vuelta o cambiando un plan para alargar la estancia un día mas y rememorar su fase Auberge Espagnole con su simpático grupo de amigos que, ya bien asentados en su condición de mileuristas en plena crisis económica, se apaña por atender cada uno de sus antojitos. ¿Cómo acabamos la noche de San Juan? Pues medio pedos, cantando roñosas canciones de The Police en un mugriento y semivacío karaoke cerca del Puerto Olímpico. Y creedme, podría haber sido mucho peor.

Finalmente, saciada su sed de juerga y satisfechas sus ansias escapistas, Butch embarcó al mediodía siguiente (no sin el habitual suspense final) rumbo a la aburrida Bruselas y el feliz reencuentro familiar. A modo de inmediata lavativa e intento por recuperar mi Gandhi interior, procedí a la siguiente cura de seis pasos:

1. Cambio de cerradura y desconexión de móvil e Internet para suspender indefinidamente cualquier contacto con el exterior.

2. Limpieza obsesiva del apartamento, digna de la Mónica más neurótica en un episodio de Friends, para borrar todo rastro del tsunami Butch.

3. Fuga de tres horas al gimnasio para sumergirme en el jacuzzi y relajarme en el spa. Casi lo consigo, de no ser por el alboroto creado cuando una mujer me vio dar repetidos cabezazos al cristal de la sauna tras fracasar en el intento de cortarme las venas en la fuente de hielo.

4. Menú anti-resaca consistente de ensalada, agua mineral con gas, fruta y té esotérico-digestivo.

5. Llamada a la puerta de mi septuagenario vecino para, en un momento de despiste suyo, patearle la panza a su insoportable perra obesa.

6. Desplome sobre el sofá para lanzarme ininterrumpidamente al anodino consumo televisivo.

…. Y conste que, de esa media docena de pasos, sólo uno y medio me los he inventado.

El tema era, ¿Qué ver en TV? En estos casos, uno pensaría que una comedia vendría al pelo, pero para eso se necesitan ganas de reír. ¿Un melodrama? Mi delicada situación emocional aconsejaba no exponerme demasiado a escenas excesivamente trágicas. ¿Un reality show de la MTV? Posible, pero mis favoritos (Paris Hilton’s new BFF, Parental Control y Next) no estaban programados a esa hora. ¿La final de la Libertadores? Demasiada violencia explícita para esos momentos de shock post-traumático.

Y de repente, lo vi claro: ¿Qué evento hoy en día reúne los factores de risa, drama, realidad y competencia deportiva, y los mezcla en la licuadora resultando en una sabrosa papilla de fácil digestión, leve aturdimiento mental y dulce regusto final?

¡El Draft de la NBA! ¿Cómo no?

Afortunadamente, me lo había grabado previo al tsunami Butch con la intención de disfrutarlo más tarde. Era el remedio perfecto para mis tres meses…. eh, días… de Butchiasistencia en Barcelona: una promoción de jugadores, en principio, de lo más vulgar, interés relativo por mi parte al no escoger mis Bulls hasta el puesto 30, intriga sobre cómo el comisionado David Stern pronunciaría 73 nombres  europeos distintos y la desternillante posibilidad de que el general manager de Minnesota, David Kahn, se viera obligado a elegir a otro base en caso de que Cleveland pasara de Kyrie Irving y seleccionara a Derrick Williams con el número uno. Todo ventajas.

Y sí, acabo de gastar 699 palabras y puesto en peligro una amistad añeja sólo para introducir mi segundo post de Balón Lebowski. Dejémonos pues, de preliminares. Damas y caballeros, güeyas y güeyes, el Draft de la NBA, paso a paso, selección a selección.

0.     Discurso inicial.

Stern entra en escena y aguanta estoicamente los abucheos antes de pedir un aplauso para Nueva Jersey. Buen detalle del comisionado considerando la inevitable mudanza de los Nets a Brooklyn. Sólo le faltó pedir un aplauso para “el hockey hielo en Nueva Jersey”, o “Los Soprano en Nueva Jersey”, o “las marismas en Nueva Jersey”. Los pitos no cesan ni siquiera cuando Stern menciona a los Mavericks como nuevos campeones, provocando un irónico “buen público” de su boca y que uno se pregunte como habría acabado el discurso de haber ganado las Finales los repudiados Heat. Por mi parte, cuento los días para que Stern se retire y se dedique a su verdadera vocación: encabezar un cartel de lujo en El Club de la comedia. “Gracias, gracias, estaré aquí toda la semana…”. Dada su reciente pasión por Nueva Jersey, propongo el Bada Bing como antro primerizo.

1. Cleveland Cavaliers: Kyrie Irving (Duke)

Los Cavaliers eligen con la primera elección a Irving, el base de Duke, e inmediatamente echan por tierra el momento de mayor potencial cómico del Draft: la cara de Kahn ante la posibilidad de tener que elegir nuevamente a un base tras el experimento Ricky Rubio-Johnny Flynn. En el set de ESPN, Jeff Van Gundy, Jon Barry, Jay Bilas y Stu Jackson se pasan 10 minutos advirtiendo que Irving no es LeBron y los aficionados de Cleveland deberán tener paciencia. Gracias por venir, chicos. Luciendo ya una horrible gorra de granate difuminado al peor estilo ochentero (¿quién ha diseñado las nuevas gorras de la NBA? ¿MC Hammer?), Irving saluda a Stern y se maneja con soltura en la entrevista posterior. Sólo ha jugado 11 partidos en la universidad, con un promedio de 17 puntos, pero ya me cae mejor que LeBron. ¿No estarás tomando notas mentales, verdad, LeBron? ¿Bron? ¿Bron-Bron? ¿Hola? ¿Hay alguien allí?

2. Minnesota Timberwolves: Derrick Williams (Arizona)

Voy a mojarme: Me gusta. Destila confianza y fe en sus posibilidades. Perfecto para una franquicia desesperada como Minnesota. Parece preparado para absorber el cambio al gran escenario y abraza a sus familiares con calma y serenidad antes de fotografiarse junto a Stern y explicarle a Mark Jones que prefiere jugar de tres que de cuatro. No suelo aliarme con rookies que van de listillos, pero los andares de Williams irradian actitud ganadora. ¿Podemos poner eso en la ficha de ojeadores? ¿Andares de campeón? Como no podría ser de otra manera, resulta que los Timberwolves ya tienen a un jugador muy parecido en Michael Beasley: juega de tres/cuatro, y también tenía unos andares muy confiados al ser elegido con la segunda selección en 2008. Tras su… ejem, fase de desintoxicación y posterior traspaso, ha demostrado su calidad con cuentagotas en Minnesota, dejando al pobre Kahn en una encrucijada con sólo dos salidas: traspasarlo a precio de saldo o invitarlo a un fin de semana de pesca en el Lago Minnetonka, un poco como Michael Corleone hizo con su hermano Fredo en El Padrino II.  Ave María, que estás en los cielos…

3. Utah Jazz: Enes Kanter (Turquia)

Más abucheos para Stern, que sonríe, saluda con su mano izquierda y espeta: “Gracias” al personal. Está en racha, claramente. Los Jazz seleccionan a, posiblemente, el mejor jugador de toda la promoción: Kanter. Es un pívot alto, fuerte, rápido, tiene buena mano, visión de juego y una cara de tipo duro digna de un clan rival de Tony Soprano. Pequeño problema: todas esas virtudes han sido anotadas en contados partidos de exhibición, algún compromiso de selección y entrenamientos privados. En el lado opuesto de la balanza, es turco, tiene un nombre contundente y viene avalado por la siniestra mano de John Calipari, el equivalente baloncestístico de Jimmy Conway en Goodfellas. El técnico de Kentucky representa la peor cara del baloncesto universitario (Kanter al final no pudo jugar con los Wildcats al ser considerado profesional) pero nadie duda de su capacidad para escarbar y encontrar talento. Y, sí, llevo tres referencias mafiosas en las tres primeras elecciones, ¿algún problema?.

4. Cleveland Cavaliers. Tristan Thompson (Texas)

Tras otro largo debate en la mesa de ESPN sobre las carencias anotadoras de Cleveland y la supuesta calidad de Jonas Valenciunas, salta la sorpresa en el número cuatro, cuando los Cavs deciden apostar por Thompson, un atlético ala-pívot de técnica reducida y casi nula aportación anotadora, para rebotear y proteger la pintura. Su madre grita de alegría descontrolada… mmmhhh… casi demasiado. Alerta roja. En Canal Plus, Antoni Daimiel dice que no le acaba de convencer y, en ESPN, Stu Jackson apunta que será el tercer canadiense de nacimiento en la actual NBA, junto a semejantes superestrellas como Joel Anthony y Jamal Magloire. Es todo lo que quería saber. Pasa palabra.

5. Toronto Raptors: Jonas Valenciunas (Lituania)

Bryan Colangelo sigue con su proceso de europeización de los Raptors y casi derrama su mocha frapuccino cuando Valenciunas cae en sus brazos con el número cinco. Bilas, el más elegante de los analistas con un look discreto y aseado propio de Tom Hagen (y tiro porque me toca), explica que el lituano bien podría ser el mejor jugador de todo el Draft… en un par de años. Dejemos pues, un momento para que los seguidores de los Raptors, que primero perdieron a Chris Bosh y llevan un año pidiendo la cabeza de Andrea Bargnani, se fustiguen levemente en la espalda con un cinturón de cuero.

¿Listos?

Uno último…

Y… ya.

Algunos lo comparan con “el Pau Gasol de los pobres”, dice Bilas. Yo iría un poquito más lejos: más bien, “el Pau Gasol de los sintecho”. Valenciunas es atlético, ágil y relativamente físico, pero demasiado a menudo parece no tener muy claro qué hacer con el balón en las manos. Impagable su entrevista posterior con Jones. Lástima que no haya subtítulos. Me recuerda un poco a Darko Milicic, con esa expresión perdida, un tanto ausente, y no veo nada claro como se complementaría con Bargnani; ni en la pista, ni en los bares de Toronto. Me cuesta creer que un dúo interior con nombres como Andrea y Jonas pueda intimidar a los bases rivales. Para más inri, Van Gundy se refiere a Valenciunas como “el tipo alto de Lituania” (excelente preparación, Jeff, de verdad) y parece que su equipo de procedencia, el Lietuvos Rytas, es controlado por mafiosos (de los de verdad), con lo que el tema del traspaso de sus derechos podría enfangarse considerablemente. Pero obviando lo dicho, ¡Felicidades Toronto! ¡A disfrutar!.

6. Washington Wizards: Jan Vesely (República Checa)

Y, a la media docena, llega la elección, el Instante (porqué fue un Instante, con mayúscula) que a partir de entonces pasaría a ser conocido como El Beso (también mayúscula). Para contexto histórico, recordar que en los últimos años, ya desde que Madonna y Brittney Spears juntaran labios en los MTV Music Awards de 2003, se puso de moda el tema de besarse en grandes eventos, con resultados tan cachondos como Scarlett Johansson y Sandra Bullock en los MTV Movie Awards 2010 o tan impactantes como este morreo de Adrien Brody a Halle Berry en los Oscars de 2004.

Ninguno de ellos comparable con El Beso del Draft de la NBA 2011.

Rebobinemos la cinta:

Stern no ha acabado aún de introducir a Vesely, cuando  éste se levanta, se ajusta la chaqueta, alza la mirada y, a continuación, recibe un monumental lengüetazo de su acompañante, una despampanante rubia de glamoroso vestido verde pistacho que, no contenta con un primer morreo, le agarra del cuello para una dosis extra de pasión made in Europa. ¿Para cuándo la nueva campaña de promoción de la liga? NBA: Where Jan Vesely’s hot girlfriend happens. Realmente, el único aspecto negativo de El Beso fue que el añorado Andrés Montes no estuviera entre nosotros para narrarlo: ¡¡¡Ay vaaaa!!!… ¡¡¡Daimiel!!! ¡¡¡Pero bueno…!!! ¡¡¡Vesely!!! ¡¡¡Jugooooón!!!

Besos aparte, Vesely se me antoja perfecto para los Wizards. Corre como un gamo, salta por encima o alrededor de quien sea y ataca el aro con una ferocidad digna del más descarado Vince Carter (ya saben, antes de que fuera abducido por alienígenas y devuelto a la tierra con una extrañísima aversión a acercarse a más de cinco metros del aro). Junto al eléctrico John Wall y el también súper atlético Javale McGee, el checo promete al menos una jugada de Top 10 por jornada y le dice a Jones que espera participar algún día en el concurso de mates. Le sobra confianza y le falta un tiro exterior consistente, pero me declaro oficialmente ilusionado con el inicio de la Era Jan Vesely en Washington.  En serio, ¿podía tener un mejor comienzo?

7. Sacramento Kings: Bismack Biyombo (Congo)

El nombre más chulo del Draft pertenece al hombre más elegante y sonriente. Biyombo, ex Fuenlabrada, recala finalmente en Charlotte junto a Corey Maggette tras un triple intercambio con Milwaukee. Me alegro por el congoleño que, sólo por físico, debería ganarse un puesto en la liga; pero me pregunto si el canje fue aprobado por Michael Jordan, blackberry en mano, desde el campo de golf de turno junto a su compadre, Charles Oakley:

-MJ: “Oak, dicen que nos dan a Maggette y un Biyombo”.

-Oakley: “Eso que es?”

-MJ: “Ni idea, pero suena sabroso”.

-Oakley: “Quizás mezclado con algo de bourbon…”.

-MJ: “Hecho”.

Biyombo, luciendo una deslumbrante sonrisa Profident, dice estar “muy ilusionado” con la posibilidad de jugar para Jordan. Desde algún oscuro apartamento de un barrio marginal, Kwame Brown asiente maliciosamente.

8. Detroit Pistons: Brandon Knight (Kentucky)

Algunos creen que Cleveland podría haber canjeado sus selecciones para quedarse con Williams y retroceder en busca de Knight, que bien podría superar las prestaciones de Irving a medio plazo. No tengo ni idea, pero queda claro que Knight no está nada contento con haber caído tan bajo: mirada altiva, cara de considerable puteo al sonar su nombre, andar rígido hacia el podio y respuesta lacónica a la pregunta de Jones sobre si puede jugar de base. “Creo que lo he demostrado a lo largo del año, liderando a mi equipo a la Final Four”, espeta. Ya tengo ganas de ver su primera introducción en el Palace, de boca del histriónico John Mason, mientras muestra ambos dedos corazón al respetable desde el jumbotron.

9. Charlotte Bobcats: Kemba Walker (Connecticut)

Daimiel se moja en Canal Plus y dice que le gusta, que es un ganador. Ante la duda, me pondría de su lado, pero no lo veo tan claro. Me da la impresión que Walker, que luce unos atrevidos zapatos blancos, podría ser víctima de su propio éxito en Youtube. Su canasta ante Pitt en el Madison fue antológica, sin duda, pero no parece que tenga un gran repertorio ni pueda clavar esos tiros con consistencia. Si tuviera que apostar, me la jugaría a que resulta un buen sexto o séptimo hombre, pero para eso debería aceptar un rol secundario. Y justamente por esa actitud desafiante, no intuyo que le vaya demasiado lo de dar un paso atrás, aunque aparentemente le apodan E-Z Pass. En el peor de los casos, Jordan acumula un segundo nombre carismático junto a Biyombo y posible compañero de timbas de póker con Oakley, propiciando infinidad de posibilidades para la bromita de turno con semejante mote.

10. Milwaukee Bucks: Jimmer Fredette (BYU)

Y hablando de nombres… Al fin cae Jimmer con el número 10, pero es inmediatamente traspasado a Sacramento en un cambio múltiple que da con los huesos de Stephen Jackson en Milwaukee. No acabo de entender muy bien el razonamiento: Jimmer es un anotador puro incapaz de defender y deberá compartir pista con Tyreke Evans, que lanza hasta las zapatillas y pasa de marcar a nadie, John Salmons, y el volátil DeMarcus Cousins, alias Derrick Coleman 2.0, quien también necesita el balón para sentirse importante. Si solo se trata de llenar el Arco Arena para mantener la franquicia en Sacramento supongo que tiene sentido, pero en algún momento también se supone que los Kings deberán algún partido, ¿o no? Me hubiera gustado más en Milwaukee, con el sistema de Scott Skiles y siguiendo los pasos de Michael Redd. Lo mejor, la entrevista de Heather Cox a su hermano y agente, TJ, que parece recién salido de un casting de Jerry McGuire II: Me tenías con ‘En el número 10…’. Entrevista en la que Cox deja con la mano al aire al pobre TJ, por cierto.

11. Golden State Warriors: Klay Thompson (Washington State)

Los Warriors eligen al hijo de Mychal Thompson, ante el bostezo colectivo de los presentes. Jackson señala se trata del quinto hijo de una primera selección del Draft en jugar en la NBA. En serio, ¿a alguien le importa lo que hagan los Warriors a estas alturas? Lo único loable por su parte es que, al menos, nos han librado de Mark Jackson en las retransmisiones para el año que viene. Gracias, Warriors. Buenas noches y buena suerte.

12. Utah Jazz: Alec Burks (Colorado)

Promedió 20 puntos por partido en la universidad y Bilas lo ve listo para jugar en Utah. Explica que Chauncey Billups ha ejercido de mentor para él. ¿Eso es bueno o malo? No me queda claro.

13. Phoenix Suns: Markieff Morris (Kansas)

Momento destacado: los Suns eligen al primero de los gemelos Morris, el del nombre raro. Markieff, siete minutos mayor que Marcus, en seguida busca a su hermano para ejecutar un saludo de cinco pasos que seguramente empezaron a ensayar en el útero de su madre 21 años atrás. Parece que a Phoenix le van los gemelos. ¿No se podrían arreglar con los Nets para rejuntar a Robin y Brook Lopez y elegir luego a Marcus para presentar el primer equipo con dos pares de gemelos de la historia y cambiar el nombre de la franquicia a los Phoenix Twins? Yo voto a favor.

14. Houston Rockets: Marcus Morris (Kansas)

Mierda. Los Rockets boicotean la reunificación familiar de los Morris y seguidamente seleccionan a Marcus, visiblemente emocionado durante las entrevistas previas a su hermano. Y Stern le pone un extra de salsa al momento con un semi-socarrón “los Rockets eligen a Marcus Morris… ¡Sí, lo hacen!”, que no sé muy bien cómo interpretar. ¿Temía que uno de los dos terminara en la liga griega? ¿Tiene preparada una campaña de promoción especial con los chocolatitos M&M? Misterio. Se supone que Marcus es el mejor de los dos, aunque Bilas advierte que su posición es más indefinida: entre un tres y un cuatro, mientras que Markieff es un cuatro nato. Si tuviera que apostar, lo haría por el gemelo que va a jugar en el mismo quinteto que Steve Nash, es mayor, no ha llorado ante la audiencia televisiva internacional ni lleva el pañuelo de la chaqueta desparramado y estará bajo la tutela del equipo de fisioterapeutas mejor considerado de la NBA. Pero, ¿qué sabré yo? Me queda la duda si los complejos estudios estadísticos del general manager de Houston, Daryl Morey, contemplan variantes en el caso de gemelos. Ric Bucher, el hombre del peinado Ken, informa que los Rockets no se están haciendo ningún tipo de ilusiones con la posible recuperación de Yao Ming. Francamente, ya era hora. Entre el chino e Iván De La Peña, no sé quien se lleva la palma en partes médicos durante los últimos cuatro años.

15. Indiana Pacers: Kawhi Leonard (San Diego State)

Los Pacers eligen a Leonard, un joven de trenzas vestido a lo gánster años 50 que sumó 23 dobles-dobles en San Diego State, y del que Bilas destaca sus “enormes manos y garra” (supongo que como conceptos independientes). Es inmediatamente traspasado a los Spurs a cambio de George Hill, en una a operación que automáticamente quíntupla su valor, pues sabemos que los Spurs no suelen hacer tonterías en el Draft. Leonard pasa de ser un ala-pívot con potencial en Indiana junto a Roy Hibbert, a posible sucesor de Tim Duncan en San Antonio. Más importante aún, el movimiento parece indicar que los Spurs seguirán confiando en Tony Parker al menos una temporada más, con la consiguiente inquietud de todos los hombres comprometidos del vestuario texano.

 

… Y en 15 lo dejamos. Lamentablemente, tanto la cobertura televisiva de Canal Plus como mi propio cerebro optan por bajar la persiana del Draft 2011 antes de que les llegue el turno a los 76ers y los Knicks. Es lo que tiene la resaca de San Juan mezclada con los efectos post-traumáticos del Tsunami Butch. Bueno, y que soy un vago empedernido, eso también.

Y ahora… ¿Dónde tenía yo ese Alka Seltzer?

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